Prólogo
April anda con
paso acelerado y juega distraídamente con uno de sus mechones de pelo. Luce su
melena castaña y lisa sin ningún adorno, consciente de que a su abuelo le gusta
así. Cuando traspasa las puertas de la Residencia para ancianos The Queen, siente una extraña sensación en el estómago.
Menea la
cabeza. No es el sitio, sino la situación. Su abuelo lleva dos años en esa
residencia. De nuevo le viene un repentino remordimiento, pero lo aparta
rápidamente de sus pensamientos. No puede ocuparse de él y ambos lo saben. Aún
así, su abuelo es la única persona que le queda en este mundo y quisiera
cuidarla como se merece.
Pero la vida
no siempre nos deja hacer lo que queremos.
“Debe venir de
inmediato”. Eso había dicho la directora de centro. April no sabe porqué. No
quisieron decírselo. Pero la duda de la sospecha se ha plantado en su mente.
¿Y si el buelo
ha…?
No, mejor no
pensarlo.
-
¿April Howard?
April se
vuelve bruscamente y detecta frente a ella a una señora de pelo castaño lleno
de canas y sonrisa amable. Lleva una de las batas del centro. Debe ser la
directora.
-
¡Sí, soy yo!-contesta quizás
demasiado alto.
-
Ha venido muy rápido.-observa
mientras la estrecha la mano.- Soy la señora Tylor, directora de este centro. ¿Quiere
acompañarme? Hablaremos mejor en mi despacho.
April traga
saliva y la sigue por los corredores de la residencia. De vez en cuando atisba
a un ancianito jugando a las cartas, otro paseando con el andador…y de verlos
se siente peor.
No quiere
vivir nunca en una residencia.
Llegan al
despacho y cuando entran, April detecta el estilo cuidado y para qué decirlo,
profesional de la directora. La mesa está perfectamente ordenada y luce sobre
ella tres bolis pilot negros colocados al milímetro. El ambiente está perfumado
con lavanda y los sillones negros tienen una pinta maravillosa. April se sienta
en uno de ellos con alegría mientras la
señora Tylor hace lo mismo. Cuando la tiene frente a frente, recuerda de pronto
el motivo que la ha traído allí. El ambiente se ensombrece un poco.
-
Señorita Howard, ¿quiere algo
de beber? Tengo agua y algún refresco guardados.-comienza amablemente.
April ha visto
eso muchas veces en las películas. Y sólo indica malas cosas.
-
No, gracias. Prefiero que
vayamos al grano.-dice con seguridad.
-
Como usted prefiera. ¿Le
importa que le llame April?
-
No, claro.
La directora
pone cara de estar pensando mucho lo que debe decir. Finalmente, se coge las
manos y dirige una mirada grave a April. April siente que su pulso se acelera,
muerto de miedo.
-
Se trata de su abuelo, April.
April sabe que
espera que diga algo, pero no puede. Se ha quedado muda.
-
Últimamente, presenta un
comportamiento muy extraño.
April parpadea
incrédula.
-
¿No ha…muerto?
-
¡No!- contesta la directora
un poco escandalizada. April sonríe aliviada.- Su abuelo está perfecto, ¿por
qué iba a pasar eso?
-
No lo sé…-dice April
atribulada.
-
No, April. Su abuelo está
bien, pero últimamente me preocupa.
La mirada
grave de la directora la pone en alerta. Aún no ha pasado lo peor.
-
¿Por qué dice eso?
La directora
coge aire, como si le costara hablar.
-
Dígame, ¿alguna vez su abuelo
ha conocido a alguien llamado Lorraine?
-
¿Lorraine?-repite April
extrañada. – No, nunca ha mencionado ese nombre. En mi familia no hay nadie
llamado así.
-
¿Y en su pasado?-pregunta la
directora con una mirada brillante.
April lo
piensa.
-
No lo sé. Nunca me habló de
eso.
-
He hablado muy recientemente
con una de sus mejores amigas, Jane Gramham. Me relató que su abuelo cambió
mucho después de la guerra. ¿Le habló algo de eso?
April niega
con la cabeza. No sabe adónde quiere ir a parar la directora.
-
Nunca habla de los tiempos
anteriores a la guerra. No le gusta.
-
¿Y hay alguien llamado Anna
en su familia?
-
Ehhh, sí. Era una amiga de mi
abuelo, pero murió hace años. ¿Por qué me pregunta todo esto? ¿Dónde está mi
abuelo?
April la mira
fijamente, un poco harta. La mirada de la directora es impasible, pero ve que
comienza a dudar.
-
Tal vez sea mejor que lo vea
usted misma.-dice suavemente mientras se levanta.- Sígame.
-
¿Adónde vamos?
-
A ver a su abuelo, April.
Por el modo en
que lo ha dicho, a April no le gusta. Vuelven a recorrer los mismos corredores
y comienzan a alejarse del despacho. April camina absorta en sus pensamientos.
No puede dejar de dar vueltas a las preguntas tan estúpidas que le ha hecho. Lo
peor es ese aire grave que mantiene todo el rato la directora y que la está
asustando.
Un grito rasga
el aire y April levanta la cabeza, pálida como un muerto al reconocerlo.
Se da cuenta
de que han llegado a la habitación de su abuelo. Enseguida reconoce las puertas
blancas con el número 86 en dorado grabado en ellas. Se queda clavada en su
sitio. Los gritos provienen de su interior.
La directora
la coge del brazo.
-
Creo que acabamos de tener
una crisis. No es agradable-la avisa.
April se queda
atónita. ¿Crisis? Escucha otro chillido y entonces la directora abre la puerta
y entran. Lo que ve la deja paralizada.
Hay un anciano
chillando y revolviéndose en la cama como un loco, como si alguien le estuviera
matando. Dos enfermeras se mueven a su alrededor tratando de tranquilizarlo,
sin éxito alguno.
April reconoce
a su abuelo, pero nunca le había visto así. Tiene los ojos desorbitados y la
mirada desquiciada. Es incapaz de reaccionar. Está demasiado impresionada.
Su abuelo se
fija en ella en ese momento. Por unos segundos, April cree esperanzada que va a
reconocerla. Seguramente la dirá: “April, sigues tan flacucha como siempre”,
pero la cara de su abuelo muda de expresión
-
Dios santo…Lorraine-musita y luego su cara pasa al
terror más absoluto- ¡¡Maldita!!¡¡Sacadme de aquí!! ¡¡Por favor, salva a Anna!!¡¡Socorro!!
-
Tranquilícese, señor.
-
¡¡La va a matar!!
April nota que
la directora la agarra del hombro y la saca de allí a rastras. Apenas se
percata de que ha vuelto al pasillo. Los gritos de su abuelo siguen resonando
en su cabeza y sólo ve sus ojos inyectados de terror hacia ella.
-
¿Lo entiende April?-dice la
directora seria.- No sé qué es lo le ocurre. No es esquizofrenia, pero su
abuelo sufre alucinaciones muy reales. No siempre es así, pero cada vez son más
frecuentes.
-
Lorraine…-musita April, aún conmocionada.
¿Quién es
Lorraine?
April lee un
libro y procura permanecer relajada. Dirige de vez en cuando vistazos rápidos a
su abuelo, pero comprueba de nuevo que sigue durmiendo. Respira algo más
tranquila. No es por nada, pero no
quiere repetir lo de la crisis.
Sus manos se
crispan en las hojas del libro al pensarlo. No quiere volver a vivir una cosa
así. Ver a su abuelo en ese estado ha sido…
Cierra los
ojos, pero la mirada llena de pavor de su abuelo la persigue. La había visto…y
había chillado de terror. La directora había dicho que eran alucinaciones. Eso
podía consolar a April, pero lo cierto es que de alguna forma ella se las había
recordado. Y había gritado el nombre de Lorraine.
Le ha estado
dando muchas vueltas a ese nombre durante la tarde, pero por más que intenta
recordar, su abuelo nunca mencionó ese nombre.
Pero es obvio
que conoció a alguien llamado así.
-
April…
April levanta
la mirada y se da cuenta de que su abuelo está despierto. April cierra el libro
un poco asustada y se plantea llamar a la enfermera.
El aire
desvalido de su abuelo le impide hacerlo. La mira con los ojos abiertos y una
sonrisa bondadosa en el rostro. Cuando se acerca a ella y se sienta a su lado
en la cama, se da cuenta de que todo es normal. No es una crisis.
Su abuelo
muestra una sonrisa cansada cuando la ve y April siente un nudo en la garganta.
-
Hola abuelo.-consigue decir.
-
April…qué guapa estás. ¿Ya te
ha salido novio?-le pregunta con voz casposa.
April sonrie
divertida. Su abuelo es el mismo de siempre, sí.
-
¿Y me preguntas eso? Abuelo
he venido porque están preocupados por ti. Y yo…también.
Su abuelo hace
un mueca.
-
¡Pero si estoy perfectamente!
Qué ganas de sacar las cosas de quicio.
-
Ya, pero aún así…cuídate, ¿de
acuerdo?-insiste April.
-
¿Y el novio?-le recuerda su
abuelo.
April sonríe
pillada.
-
Lo del novio aún tendrá que
esperar. –le responde evasiva-Además, tampoco me importa. Necesito estar sola.
-
Para encontrar esa historia,
¿verdad? El libro que andas buscando- dice su abuelo y sus ojos brillan
enigmáticos.
-
Sí, pero no me sale.- April
suspira y se apoya en la cama de su abuelo.
Aquellas
palabras de su abuelo le recuerdan a April su firme propósito: ser escritora,
algo que no ha conseguido aún, a pesar de haber escrito cientos de historias.
Al final, se había sentido decepcionada. Incluso ahora se pregunta si sería lo
suyo.
Si tan sólo
pudiera escribir algo impresionante…una historia que hablara al corazón y todos
quisieran leer…eso sí se lo publicarían. Pero hacía mucho tiempo que no sentía
ganas de escribir siquiera, como si su inspiración y sus ideas hubieran
desaparecido de un plumazo.
Duda de poder
recuperarla algún día.
-
Quizás, sólo necesitas oírla.-deja
caer su abuelo. April lo mira intrigada.
-
¿Qué necesito oír?
Su abuelo
sonríe con misterio, luego suspira.
-
Me alegra ver que has llegado
a tiempo.- dice como si estuviera de repente muy agotado.
April se
preocupa. Su abuelo parece tan frágil...
-
¿A tiempo para qué?
-
Estoy cansado April. Muy
cansado…-responde se abuelo serio.
-
Abuelo, no digas tonterías. No
hables como si…-–April frunce los labios. No quiere ni mencionar esa palabra-
No hables así, ¿vale? Me asustas.
-
¿Cómo si fuera a morirme?
April calla.
Su abuelo será mayor, pero ha dado en el clavo.
-
Tú no te asustas fácilmente,
April. Eso es lo que me gusta de ti.- dice su abuelo con ternura.
April piensa
en esa tarde. Cuando su abuelo gritó de ese modo, no se sintió tan fuerte.
-
Voy a contarte una historia,
April.No importa lo que oigas.-le pide su abuelo- Quiero que escuches hasta el
final.
April recuerda
en ese momento la charla que mantuvo con la directora. De repente siente curiosidad por aquel pasado
tan oculto que su abuelo al parecer no había contado a nadie. ¿Qué había pasado
durante la Segunda Guerra Mundial? ¿Algo relacionado con…?
-
¿Tiene que ver con
Lorraine?-preguntó April.
April no sabe
si es la luz, pero el rostro de su abuelo se ensombrece un poco al mencionar
ese nombre.
Decide en ese
momento callarse y escuchar. Sea lo que sea lo que su abuelo quiera contarle,
parece de vital importancia para él.
-
Tiene que ver con una chica
que conocí hace tiempo…-comienza su abuelo- Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial.
Próximo capítulo


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