domingo, 22 de noviembre de 2015

La caja de música de Lorraine Capítulo 4 El diario de AW







Capítulo 4
El diario de AW


Anna pedaleó por las calles del pueblo. Hacía días que habían aumentado las temperaturas. Se notaba que ese verano iba a ser cálido. Anna se pasó una mano por la frente y se sintió aliviada al ver que llegaba a su destino.

domingo, 15 de noviembre de 2015

La caja de música de Lorraine: Capítulo 3 La voz de la cala




Capítulo 3
La voz de la cala


Eran cuatro chicos que les sacaban, por lo menos, dos cabezas. Cuando estuvieron más cerca, Anna se dio cuenta de que debían ser de su misma edad, aunque  ya habían dado el estirón e incluso uno de ellos lucía algunos pelillos en el mentón.
Uno de ellos, de pelo negro y mirada socarrona se adelantó y se plantó descaradamente frente a ellos. Era atractivo, y sin duda él lo sabía.

-          Hola-saludó Anna con amabilidad. El muchacho la estudió con la mirada, pero no le contestó.
-          ¿Y se puede saber quién eres tú?-preguntó.
-          Me llamo Anna.
-          Con que Anna, ¿eh?-sonrió y miró a Fred, que parecía paralizado- Qué bonito. No sabía que te iban las castañas.
Fred no respondió y Anna se puso tensa cuando el chico volvió a mirarla. Había detectado un tono que no le había gustado nada.
-          No está mal. Así que has traído a tu novia a las calas.-se acercó a ella.
-          No somos novios-corrigió ella con altivez mientras daba un paso atrás.
Entonces Anna entendió porqué Fred estaba tan nervioso. También a ella el chico le daba mala espina, pero a juzgar por la reacción de Fred, ellos ya eran viejos conocidos.
El chico se dio media vuelta y se fijó en la bicicleta de Fred. Hizo una señal a uno de sus compañeros, que ni corto ni perezoso golpeó a Fred. Este cayó sobre la bici con un estrépito, aunque ni un sonido salió de sus labios.
Anna corrió a su lado alterada.
-          ¿Estás bien Fred?-preguntó, él no respondió. Estaba más rojo de vergüenza que nunca, pero a Anna esta vez no le pareció gracioso. Ella se enfrentó a los chicos furiosa- ¡Dejadnos en paz e iros a otro sitio!
El muchacho de pelo negro, y que Anna se daba cuenta de que era jefe de la pandilla, silbó.
-          Uhhh. Esto sí que es patético. ¿Ahora viene a defenderte tu novia? Madre mía, una chica de ciudad, qué miedo. –se burló- Fredy, ¿no le has contado lo cansada que está de ti tu madre?
Anna lo escuchó horrorizada, pero se quedó anonada cuando vio que Fred no se defendía. Era como si estuviera de acuerdo. Se preguntó si sería cierto, pero aún así ella no pensaba rendirse.
El chico se dio cuenta de su reacción y pareció encantado.
-          ¿Y le has hablado de tu padre?
Fred reaccionó a eso. Puso cara de espanto, pero una vez más no contestó. Anna apretó los puños enfadada al ver cómo lo trataban sin la menor consideración y a la vez, llena de rabia ante el abatimiento de Fred.
-          ¡Vete de aquí! ¡No quiero ver tu cara!-le gritó.
-          ¿Y qué vas a hacer? ¿Pegarme?-se burló.
-          Puedo hacerlo.
La fachada de aquel chico se tambaleó ante la seguridad de Anna. Sin embargo, los cuchicheos de sus compañeros parecieron recordarle lo que debía hacer.
-          Como quieras.-masculló.
Anna no lo pensó. Su padre la había enseñado a defenderse. Fue directa a darle un puñetazo con fuerza en el mentón, pero el chico se apartó con rapidez. Anna movida por el impulso, se dio cuenta de que iba directa al precipicio. Chilló asustada y trató de frenarse, pero no pudo. Notó como caía y sus manos buscaron desesperadas algo a lo que sujetarse. En el último momento logró agarrarse con los dedos al borde de la roca.
-          ¡FRED! ¡AYÚDAME!-chilló muerta de miedo.
Los segundos pasaron lentamente pero la ayuda no vino. Anna estaba espantada. A sus oídos llegaron voces de los chicos sobre la colina.
-          Charlie, ¿qué has hecho?
-          Yo no he hecho nada- Anna reconoció la voz del chico al que había estado a punto de pegar.- Maldito Fredy, esta me la pagas.
-          ¡Socorro!-gritó Anna con la vana esperanza de que al menos ellos la ayudaran.
Oyó golpes y el gemido de Fred, pero ella no podía ayudarle. Anna se esforzó por no desprenderse de la pared. Sintió como cada parte de la piel de sus dedos parecía gritar de dolor al soportar su peso en el vacío. Se concentró en mantenerse agarrada a la roca y buscó formas de volver a subir y llegar hasta la colina. Trató de mantener la cabeza fría.
Los golpes cesaron y Anna oyó como se marchaban.
-          ¡Fred!-lo llamó. Nadie respondió y Anna se asustó mucho más- ¡Fred!
De nuevo nada.
Anna comprendió de repente algo aterrador. Estaba sola y nadie iba a ayudarla. Se sintió desfallecer ante la idea de estar colgada, a tal vez diez metros de altura sobre unos riscos mortales y con Fred probablemente inconsciente.
No dejó que eso la afectara. Luchó contra el miedo y trató de actuar con lógica. Buscó con la mirada algo sobre lo que asirse, sin resultado. Una voz fría como el hielo cortó sus pensamientos de lleno.
-          “Derecha”-oyó Anna.
Obedeció sin dudarlo y logró distinguir una roca que sobresalía más que el resto a su derecha. Podría servir. Tras unos segundos angustiosos consiguió apoyar la punta de su pie derecho contra una roca que sobresalía más que el resto. Manteniendo todo su cuerpo en tensión, apoyó su peso en ese pie y trató de buscar otro apoyo para su otra pierna.
-          “Izquierda”-oyó y se dio cuenta de que era la voz de una mujer.
No se planteó lo que estaba sucediendo. Su instinto de supervivencia le obligaba a obedecer a aquella voz. Giró el rostro y vio una rama. Se agarró a ella y Anna consiguió subir lo suficiente para apoyarse y llegar a la colina.
Anna se derrumbó sobre el césped sin creer aún su buena suerte. No pensó en aquella voz, sólo podía pensar que aún estaba viva. Respiró entrecortadamente y entonces se acordó de golpe de Fred. Se incorporó de un salto buscándole y lo vio a unos metros de ella mirando el precipicio con  la mirada ausente.
Anna se quedó de piedra al verle. Reparó en que tenía un ojo morado, pero aparte de eso estaba bien. Anna se acercó dando tumbos a su lado. No intentó preguntarle qué le había sucedido. Era bastante evidente. Fred ni la miró. Mantenía la vista fija, llena de culpabilidad en el suelo. Entonces a Anna se le ocurrió una idea que la dejó paralizada.
-          ¿Has estado aquí todo el rato?-preguntó con voz temblorosa de la tensión.
Fred la miró y leyó la respuesta en sus ojos.
-          Pero te estaban impidiendo llegar a mí, ¿no?
-          No.-responde Fred con un hilillo de voz.- Se fueron.
Anna se quedó sin habla. Había pensado que aquellos chicos habrían dejado a Fred inconsciente o tal vez le habrían impedido ayudarla. Algo que el mismo Fred desmentía. Tras la primera impresión, pasó a la incredulidad y luego a la furia.
-          ¿Pero qué te pasa? ¡He estado a punto de matarme!
-          Lo siento, yo…-balbuceó Fred atemorizado- Tenía…no podía…
-          ¿Tenías miedo?-inquirió Anna- ¡Yo también Fred, pero te defendí de ellos! ¡Creía que podía confiar en ti!
Leyó la mirada dolida de Fred al decir eso, pero sólo consiguió incrementar su enfado.
-          Eres idiota.-le espetó sin mirarle a la cara y se marchó de allí, sintiéndose herida.


Cuando Fred volvió a casa, era por la tarde. Anna había regresado algunas horas antes y se había apresurado a acostarse alegando estar cansada. No había tenido que fingirlo y la señora Gates no había hecho ninguna pregunta al verla tan alterada. Se extrañó un poco, pero no dijo nada. Preguntó por Fred y luego la dejó marchar.
Supo que había llegado por los gritos de la señora Gates. Anna permaneció tumbada en la cama, cogida de la almohada mientras le oía regañarle en el piso de abajo. Supuso que enseguida habría sospechado lo que había sucedido, sobre todo al ver el ojo morado de Fred. Era una prueba más que suficiente de lo que había pasado.
No supo cuánto tiempo se tiraron allí abajo, discutiendo. Tenía muchas cosas en las que pensar y su mente vagaba rápidamente. No podía dejar de recordar aquella voz femenina que la había guiado.
Aquello la inquietaba. ¿Se había vuelto loca? Nunca había oído hablar de voces que guiaban a los que estaban en peligro. Sólo en los cuentos y eso no valía. Decidió que sería un producto de su imaginación en un momento de tanta tensión. Su mente le había jugado una mala pasada y había creído oír voces. Eso era todo.
Sin embargo, algo en su interior le decía que aquella voz no era una coincidencia  ni un producto de su terror. Algo la impulsaba a pensar que había sido real.
Desoyendo esos pensamientos, se quedó con la otra opción, más realista y se sintió más tranquila.
A medianoche oyó el paso cansado de Fred al pasar frente de su cuarto. Sin poderlo evitar, lo compadeció pero no dejó que eso le permitiera perdonarle. No lo haría.

Lo que había pasado esa tarde no lo olvidaría jamás.


Próximo capítulo
Capítulo 4: El diario de AW

¡Nos vemos en el próximo capítulo!

Un besazo







jueves, 12 de noviembre de 2015

La caja de música de Lorraine: Capítulo 2 Las calas




Capítulo 2 
Las calas


Anna oyó chirriar la bicicleta tras ella y maldijo en voz baja su mala suerte.
-        Oh, aquí estás-dijo Fred.
Anna se volvió a mirarle. La verdad es que a la luz del día parecía más delgado incluso que cuando lo vio la primera vez. De hecho, el adjetivo que lo definía perfectamente era escuálido, pero Anna no pensaba decírselo nunca. No creía que se lo tomara bien, y también daba igual.
 

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