Capítulo 3
La voz de la cala
Eran cuatro
chicos que les sacaban, por lo menos, dos cabezas. Cuando estuvieron más cerca,
Anna se dio cuenta de que debían ser de su misma edad, aunque ya habían dado el estirón e incluso uno de
ellos lucía algunos pelillos en el mentón.
Uno de ellos,
de pelo negro y mirada socarrona se adelantó y se plantó descaradamente frente
a ellos. Era atractivo, y sin duda él lo sabía.
-
Hola-saludó Anna con
amabilidad. El muchacho la estudió con la mirada, pero no le contestó.
-
¿Y se puede saber quién eres
tú?-preguntó.
-
Me llamo Anna.
-
Con que Anna, ¿eh?-sonrió y
miró a Fred, que parecía paralizado- Qué bonito. No sabía que te iban las
castañas.
Fred no respondió
y Anna se puso tensa cuando el chico volvió a mirarla. Había detectado un tono
que no le había gustado nada.
-
No está mal. Así que has
traído a tu novia a las calas.-se acercó a ella.
-
No somos novios-corrigió ella
con altivez mientras daba un paso atrás.
Entonces Anna
entendió porqué Fred estaba tan nervioso. También a ella el chico le daba mala
espina, pero a juzgar por la reacción de Fred, ellos ya eran viejos conocidos.
El chico se
dio media vuelta y se fijó en la bicicleta de Fred. Hizo una señal a uno de sus
compañeros, que ni corto ni perezoso golpeó a Fred. Este cayó sobre la bici con
un estrépito, aunque ni un sonido salió de sus labios.
Anna corrió a
su lado alterada.
-
¿Estás bien Fred?-preguntó,
él no respondió. Estaba más rojo de vergüenza que nunca, pero a Anna esta vez
no le pareció gracioso. Ella se enfrentó a los chicos furiosa- ¡Dejadnos en paz
e iros a otro sitio!
El muchacho de
pelo negro, y que Anna se daba cuenta de que era jefe de la pandilla, silbó.
-
Uhhh. Esto sí que es
patético. ¿Ahora viene a defenderte tu novia? Madre mía, una chica de ciudad,
qué miedo. –se burló- Fredy, ¿no le has contado lo cansada que está de ti tu
madre?
Anna lo
escuchó horrorizada, pero se quedó anonada cuando vio que Fred no se defendía.
Era como si estuviera de acuerdo. Se preguntó si sería cierto, pero aún así
ella no pensaba rendirse.
El chico se
dio cuenta de su reacción y pareció encantado.
-
¿Y le has hablado de tu
padre?
Fred reaccionó
a eso. Puso cara de espanto, pero una vez más no contestó. Anna apretó los
puños enfadada al ver cómo lo trataban sin la menor consideración y a la vez,
llena de rabia ante el abatimiento de Fred.
-
¡Vete de aquí! ¡No quiero ver
tu cara!-le gritó.
-
¿Y qué vas a hacer?
¿Pegarme?-se burló.
-
Puedo hacerlo.
La fachada de
aquel chico se tambaleó ante la seguridad de Anna. Sin embargo, los cuchicheos
de sus compañeros parecieron recordarle lo que debía hacer.
-
Como quieras.-masculló.
Anna no lo
pensó. Su padre la había enseñado a defenderse. Fue directa a darle un puñetazo
con fuerza en el mentón, pero el chico se apartó con rapidez. Anna movida por
el impulso, se dio cuenta de que iba directa al precipicio. Chilló asustada y
trató de frenarse, pero no pudo. Notó como caía y sus manos buscaron
desesperadas algo a lo que sujetarse. En el último momento logró agarrarse con
los dedos al borde de la roca.
-
¡FRED! ¡AYÚDAME!-chilló
muerta de miedo.
Los segundos
pasaron lentamente pero la ayuda no vino. Anna estaba espantada. A sus oídos
llegaron voces de los chicos sobre la colina.
-
Charlie, ¿qué has hecho?
-
Yo no he hecho nada- Anna
reconoció la voz del chico al que había estado a punto de pegar.- Maldito
Fredy, esta me la pagas.
-
¡Socorro!-gritó Anna con la
vana esperanza de que al menos ellos la ayudaran.
Oyó golpes y
el gemido de Fred, pero ella no podía ayudarle. Anna se esforzó por no
desprenderse de la pared. Sintió como cada parte de la piel de sus dedos
parecía gritar de dolor al soportar su peso en el vacío. Se concentró en
mantenerse agarrada a la roca y buscó formas de volver a subir y llegar hasta
la colina. Trató de mantener la cabeza fría.
Los golpes
cesaron y Anna oyó como se marchaban.
-
¡Fred!-lo llamó. Nadie
respondió y Anna se asustó mucho más- ¡Fred!
De nuevo nada.
Anna
comprendió de repente algo aterrador. Estaba sola y nadie iba a ayudarla. Se
sintió desfallecer ante la idea de estar colgada, a tal vez diez metros de
altura sobre unos riscos mortales y con Fred probablemente inconsciente.
No dejó que
eso la afectara. Luchó contra el miedo y trató de actuar con lógica. Buscó con
la mirada algo sobre lo que asirse, sin resultado. Una voz fría como el hielo
cortó sus pensamientos de lleno.
-
“Derecha”-oyó Anna.
Obedeció sin
dudarlo y logró distinguir una roca que sobresalía más que el resto a su
derecha. Podría servir. Tras unos segundos angustiosos consiguió apoyar la
punta de su pie derecho contra una roca que sobresalía más que el resto.
Manteniendo todo su cuerpo en tensión, apoyó su peso en ese pie y trató de buscar
otro apoyo para su otra pierna.
-
“Izquierda”-oyó y se dio
cuenta de que era la voz de una mujer.
No se planteó
lo que estaba sucediendo. Su instinto de supervivencia le obligaba a obedecer a
aquella voz. Giró el rostro y vio una rama. Se agarró a ella y Anna consiguió
subir lo suficiente para apoyarse y llegar a la colina.
Anna se
derrumbó sobre el césped sin creer aún su buena suerte. No pensó en aquella voz,
sólo podía pensar que aún estaba viva. Respiró entrecortadamente y entonces se
acordó de golpe de Fred. Se incorporó de un salto buscándole y lo vio a unos
metros de ella mirando el precipicio con
la mirada ausente.
Anna se quedó
de piedra al verle. Reparó en que tenía un ojo morado, pero aparte de eso
estaba bien. Anna se acercó dando tumbos a su lado. No intentó preguntarle qué
le había sucedido. Era bastante evidente. Fred ni la miró. Mantenía la vista
fija, llena de culpabilidad en el suelo. Entonces a Anna se le ocurrió una idea
que la dejó paralizada.
-
¿Has estado aquí todo el
rato?-preguntó con voz temblorosa de la tensión.
Fred la miró y
leyó la respuesta en sus ojos.
-
Pero te estaban impidiendo
llegar a mí, ¿no?
-
No.-responde Fred con un
hilillo de voz.- Se fueron.
Anna se quedó
sin habla. Había pensado que aquellos chicos habrían dejado a Fred inconsciente
o tal vez le habrían impedido ayudarla. Algo que el mismo Fred desmentía. Tras
la primera impresión, pasó a la incredulidad y luego a la furia.
-
¿Pero qué te pasa? ¡He estado
a punto de matarme!
-
Lo siento, yo…-balbuceó Fred
atemorizado- Tenía…no podía…
-
¿Tenías miedo?-inquirió Anna-
¡Yo también Fred, pero te defendí de ellos! ¡Creía que podía confiar en ti!
Leyó la mirada
dolida de Fred al decir eso, pero sólo consiguió incrementar su enfado.
-
Eres idiota.-le espetó sin
mirarle a la cara y se marchó de allí, sintiéndose herida.
Cuando Fred
volvió a casa, era por la tarde. Anna había regresado algunas horas antes y se
había apresurado a acostarse alegando estar cansada. No había tenido que
fingirlo y la señora Gates no había hecho ninguna pregunta al verla tan
alterada. Se extrañó un poco, pero no dijo nada. Preguntó por Fred y luego la
dejó marchar.
Supo que había
llegado por los gritos de la señora Gates. Anna permaneció tumbada en la cama,
cogida de la almohada mientras le oía regañarle en el piso de abajo. Supuso que
enseguida habría sospechado lo que había sucedido, sobre todo al ver el ojo
morado de Fred. Era una prueba más que suficiente de lo que había pasado.
No supo cuánto
tiempo se tiraron allí abajo, discutiendo. Tenía muchas cosas en las que pensar
y su mente vagaba rápidamente. No podía dejar de recordar aquella voz femenina
que la había guiado.
Aquello la
inquietaba. ¿Se había vuelto loca? Nunca había oído hablar de voces que guiaban
a los que estaban en peligro. Sólo en los cuentos y eso no valía. Decidió que
sería un producto de su imaginación en un momento de tanta tensión. Su mente le
había jugado una mala pasada y había creído oír voces. Eso era todo.
Sin embargo, algo
en su interior le decía que aquella voz no era una coincidencia ni un producto de su terror. Algo la impulsaba
a pensar que había sido real.
Desoyendo esos
pensamientos, se quedó con la otra opción, más realista y se sintió más
tranquila.
A medianoche
oyó el paso cansado de Fred al pasar frente de su cuarto. Sin poderlo evitar,
lo compadeció pero no dejó que eso le permitiera perdonarle. No lo haría.
Lo que había
pasado esa tarde no lo olvidaría jamás.
Próximo capítulo
Capítulo 4: El diario de AW
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
Un besazo



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