lunes, 9 de mayo de 2016

La caja de música de Lorraine Capítulo 5 El mar custodia el camino








Capítulo 5
El mar custodia el camino

 
Anna cogió la bici con decisión y salió de la casa aprovechando la oscuridad de la noche. Con un poco de suerte, podría observar todo el día el mar. Tras la noticia de la desaparición de su padre, la señora Gates la había dejado en paz. No la molestaría. El problema era Fred.

Anna miró atrás. Se aseguró de que Fred no la seguía y se dirigió al pueblo. Al menos, el vestido azul de su madre, uno de los pocos que tenía, le había dado suerte aquella vez. La verdad era que se lo había puesto para sentirse más segura. Agradeció el viento en contacto con su piel y llevó su bicicleta hasta la playa.
Sintió el cosquilleo de la arena en los dedos de sus pies cuando desmontó de la bicicleta. Cogió el diario con ambas manos y se sentó con él en la arena fría. No lo abrió, únicamente lo puso en su regazo y se dedicó a atisbar el horizonte. Sus ojos fueron inmediatamente a la razón de su inquietud en los últimos días.
La mansión.
No sabía porqué tenía esos sueños, pero estaba segura de que había alguna razón para ello. En su interior, podía sentir que su futuro estaba escondido en ellos.
Fuera como fuese, lo averiguaría.
Se le había ocurrido pensar que la W se las siglas podía ser el apellido Winterby. Recordó el sueño y eso le bastó para centrarse en la razón por la que estaba allí. Sintió que la tristeza se abatía sobre ella al pensar en su padre y eso la llenó de decisión y alzó la vista, oteando el horizonte.
Aquel camino debía existir, aunque ella no lo viera. El mar lo ocultaba y el mar era quien debía mostrárselo. Seguro que debía de haber una hora en la que las mareas dejarían a la vista el camino.
Sólo debía averiguar cuándo, aunque eso podía llevarle todo el día.
Las horas pasaron lentamente y Anna comenzaba a impacientarse. No había pensado que sería tan pesado observar las mareas.  El sonido de unas ruedas sobre la arena la avisó de que no estaba sola. Cuando se volvió y vio el pelo castaño inconfundible de Fred, soltó un bufido de exasperación. Lo había subestimado. Rápidamente escondió el diario bajo su camiseta.
-        ¿Otra vez siguiéndome?
-        Te vi salir. ¿Qué te propones hacer?
-        Sólo ver el mar, ¿es algo malo?-inquirió Anna.
-        Ehhh-pensó Fred- No.
-        ¿Ves? Pues déjame tranquila.
Fred pareció desanimado al oír eso y comenzó a volver tras sus pasos, rendido ante la evidencia de que no podía vencer la férrea determinación de Anna.
A Anna se le ocurrió entonces que Fred podía serle útil.
-        Fred, espera. No hace falta que te vayas. Puedes hacerme compañía.
El rostro de Fred se iluminó al oír eso y corrió a su lado. Anna decidió no andarse con rodeos.
-        Fred, ¿sabes cuándo la marea está más baja?
-        Pues, justo cuando amanece. Más o menos…
Anna calculó mentalmente. No debían de quedarle más que una hora más o menos para el amanecer. No tenían mucho tiempo.
-        ¡Bien! Adiós Fred.
-        ¿Adónde…adónde vas?-tartamudeó Fred sorprendido.
-        A un sitio-contestó sin dar pistas.
-        Voy contigo.
-        No hace falta…-vio que él ya estaba montado. Decidió que era mejor que fuera con ella, si no, se arriesgaba a que contara todo a su madre.
Y seguramente Fred no se atrevería a bajar la cala. Pondría la excusa de buscar mejillones o algo así y se desharía de él.
-        Vale-accedió de mala gana y comenzó a pedalear con fuerza.
Anna sacó una gran ventaja a Fred, pero él no se dio por vencido y siguió su ritmo. Anna aceleró el paso aún más. El alba estaba cerca y después de eso no tendrían mucho tiempo para ir a la mansión.
Subieron la colina y Anna se desmontó de la bici cuando llegaron a la cala. Corrió deprisa hacia el borde y se asomó a las rocas. Un estremecimiento la recorrió entera al recordar que había estado a punto de caer por ese mismo sitio hace unos días. Meneó la cabeza. No debía pensar en eso o jamás lo conseguiría.
En vez de eso, se concentró en pensar cómo bajar. Enseguida encontró aquel angosto sendero que descendía y cuál fue su sorpresa cuando descubrió al final del mismo aquel camino de arena que surgía de mar y llevaba hasta la mansión. La marea le estaba mostrando el camino a seguir. Su corazón latió de emoción y nerviosismo.
Sin perder un segundo, Anna comenzó su incursión, sin ser consciente del peligro que ello entrañaba. Al contrario, el riesgo la excitaba aún más.
Fred estaba horrorizado.
-        ¿Qué haces? ¡Anna vuelve! ¡Eso es muy peligroso!
Anna lo miró con desdén. Podía leer con facilidad los pensamientos de Fred. Seguramente temía que hiciera una locura tras la muerte de su padre.
-        Pienso bajar, te guste o no.-le desafió.
-        ¿Para qué?-preguntó Fred, quién no parecía ver nada bueno en todo aquello.
Anna pensó en su excusa, pero de pronto prefirió contarle la verdad.
-        Sólo voy a echar un vistazo a la mansión. Tú puedes irte a casa si quieres. Estaré de vuelta tarde.-dijo mientras volvía a bajar.
Fred vaciló, pero no se movió de su sitio. Parecía estar en medio de una horrible tribulación. Finalmente, dio un paso hacia Anna.
-        Voy contigo-dijo valientemente. Anna lo miró con sorpresa.
-        No. Eres un cobarde y no quiero retrasos.
Una sombra de dolor cruzó el rostro de Fred, tanto que incluso Anna se sintió mal. Para su sorpresa, no cambió de opinión.
-        No te retrasaré, te lo prometo.
Anna dudó un momento, y se preguntó si el muchacho solo pretendía demostrarle algo. Quizás quería redimirse por lo que la había hecho. En cualquier caso, Anna dudaba que lo consiguiera y aunque lo hiciera, haría falta mucho más para perdonarle.
-        Haz lo que quieras-accedió y continuó bajando.
Anna ponía extremo cuidado en cada uno de sus pasos. El camino era estrecho y resbaladizo y un paso en falso podía mandarla al fondo de las calas. Se convenció a sí misma de que estaba haciendo lo correcto a pesar de que todo parecía una locura. Seguramente Fred lo veía así. Como una locura.
Anna frunció el ceño y pensó en el sueño. No era una locura, sino una necesidad.
Su destino estaba en la mansión. Lo sabía.
Oía tras ella los pasos inseguros de Fred y casi podía imaginar su cara de espanto por lo que estaba haciendo. Seguro que Fred tenía prohibido hacer esas cosas. Esta sería la primera vez que estaría desobedeciendo a su madre.
Por fin llegaron al final del camino y los pies de Anna tocaron la arena de la cala. Fred llegó un poco más tarde hasta ella, pálido como un muerto, aunque no parecía tener la menor intención de dejarla. Anna admitió que esperaba que él ya hubiera desaparecido. Paradójicamente, también se alegró de que estuviera a su lado. No quería admitirlo, pero la idea de hacer esto sola…Le daba algo de respeto.
No dejó que Fred pudiera sospechar esos pensamientos.
-        Aún puedes volverte.-le dijo seria.
Él sólo negó con la cabeza y Anna siguió adelante. Ahora venía la parte más fácil. Atravesar el camino de arena que llevaba hasta mansión. Anna caminaba deprisa, pero al cabo de un rato se dio cuenta de que había calculado mal las distancias. Desde la cima de la colina el camino no parecía medir más de diez o veinte metros. Ahora se daba cuenta de que podía ser perfectamente un kilómetro o más.
Esa idea la alarmó y miró hacia ambos lados a la marea. Sin embargo, esta no parecía querer engullirlos. Les dejaba paso tranquilamente.
Aún así, Anna decidió acelerar el paso. No quería que la marea la pillara desprevenida. Entonces sí que estaría en problemas.


Próximo capítulo
Capítulo 6: La mansión de Winterby

 Espero que os haya gustado
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
Un besazo











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