miércoles, 27 de abril de 2016

El mundo es un curioso pañuelo #microrrelato #basadoenhechosreales

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Con el tiempo la enseñanza se te olvida. Precisamente un domingo por la tarde, en medio del aburrimiento y el relax. Mente en blanco. De golpe viene una idea, estúpida, una duda insignificante, pero yo tenía que resolverla. Cosas de amigas. Riesgo 0, aliciente 100%. Y la maldita pregunta, esa que nos lanza a cometer locuras, ¿por qué  no? (otro día habrá que hablar de ella detenidamente).

Enciendo el ordenador, y me abro cuenta en Edarling (imagino que ya intuís a qué voy). Me registro en la cuenta gratuita. Se me alarga tanto en los test de personalidad que estoy a punto de echarme atrás. Pero la curiosidad me invita a seguir. Desde luego las preguntitas se las traen, admito que no me lo imaginaba tan exhaustivo. Y por fin, tras tres cuartos de hora de registro,  ¡ya consigo mi cuenta! Por supuesto, ahí estaba mi respuesta. La cuenta gratuita es para abrir boca: si realmente quieres encontrar a tu media naranja, hay que pagar cuota. O eso, o arriesgarse a descubrir a en la primera cita al primo hermano soltero de Hulk.

Y luego cosas que pasan, que si cartas, que si un guiño, que si este pega contigo, que si este otro ha visto tu perfil…Te enreda la curiosidad. La mente te dice que ya es hora de salir satisfecha la primera pregunta, pero el corazoncito se siente atraído a seguir cotilleando. ¿Y por qué no? Si total, esto no es serio. No voy buscando nada.

Resultado: a la semana ya estoy yo metiéndome en perfiles y cagándome en la cuenta gratuita, esa que no me deja ver la foto del amigo que tiene tan buena pinta, que ama la música, o del otro amigo, que me manda mensajes que no puedo leer, y ya no te digo el de los besos.  

Llego al cruce de caminos, ese que durante toda la vida se empeña en aparecer en algún instante crucial (valga la redundancia). Elegir. Un verbo que debería traducirse como: “la puñetera y maravillosa consecuencia de ser libre y responsable”. Y eligo. Siento la cabeza. No voy a pagar por seguir jugando y cotilleando. Conseguí la respuesta que quería. Game over. Y me voy tan digna, con la superioridad de quien cree que es superior a este tipo de webs y a los que están dentro.

Al día siguiente mensaje de facebook. Alguien quiere ser mi amigo. Le reconozco y le acepto, y lo que comienza por ser un reencuentro de dos amigos separados por el tiempo, se convierte en un… “me corta decírtelo, pero... te vi en EDarling”. Shock. Hiperventilo. Taquicardia.  La cara colorada como los tomates. 

Al final acaba por ser el tipo de los mensajes ocultos. Acabo la conversación. Jaja qué casualidad jajajaja (lease risa floja nerviosa que significa “la madre que me…”). Y luego ternura. Solo ternura. Ves la vida de nuevo y la miras a la cara. Y ves lo que todos intuimos y negamos: por muy independientes que nos creamos, al final el corazón sigue buscando alguien con quien compartirlo todo. Y para eso, sirve EDarling. Ahora, no volveré a acercarme ni una sola tecla de ella. Para mí es coto cerrado. Aprendí la lección de que con ciertas cosas ni se juega, por lo menos, hasta que el corazoncito vuelva a enredarme. Ay,  si ya me lo decía mi madre: “ojito que el mundo es un pañuelo”. Pues cuidado, que es muy cierto.



¡Nos vemos en el próximo post!



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