Con el tiempo la enseñanza se te
olvida. Precisamente un domingo por la tarde, en medio del aburrimiento y el
relax. Mente en blanco. De golpe viene una idea, estúpida, una duda insignificante,
pero yo tenía que resolverla. Cosas de amigas. Riesgo 0, aliciente 100%. Y la
maldita pregunta, esa que nos lanza a cometer locuras, ¿por qué no? (otro día habrá que hablar de ella
detenidamente).
Enciendo el ordenador, y me abro
cuenta en Edarling (imagino que ya intuís a qué voy). Me registro en la cuenta
gratuita. Se me alarga tanto en los test de personalidad que estoy a punto de
echarme atrás. Pero la curiosidad me invita a seguir. Desde luego las
preguntitas se las traen, admito que no me lo imaginaba tan exhaustivo. Y por
fin, tras tres cuartos de hora de registro, ¡ya consigo mi cuenta! Por supuesto, ahí
estaba mi respuesta. La cuenta gratuita es para abrir boca: si realmente
quieres encontrar a tu media naranja, hay que pagar cuota. O eso, o arriesgarse
a descubrir a en la primera cita al primo hermano soltero de Hulk.
Y luego cosas que pasan, que si
cartas, que si un guiño, que si este pega contigo, que si este otro ha visto tu
perfil…Te enreda la curiosidad. La mente te dice que ya es hora de salir
satisfecha la primera pregunta, pero el corazoncito se siente atraído a seguir cotilleando.
¿Y por qué no? Si total, esto no es serio. No voy buscando nada.
Resultado: a la semana ya estoy yo
metiéndome en perfiles y cagándome en la cuenta gratuita, esa que no me deja
ver la foto del amigo que tiene tan buena pinta, que ama la música, o del otro
amigo, que me manda mensajes que no puedo leer, y ya no te digo el de los
besos.
Llego al cruce de caminos, ese
que durante toda la vida se empeña en aparecer en algún instante crucial (valga
la redundancia). Elegir. Un verbo que debería traducirse como: “la puñetera y
maravillosa consecuencia de ser libre y responsable”. Y eligo. Siento la
cabeza. No voy a pagar por seguir jugando y cotilleando. Conseguí la respuesta
que quería. Game over. Y me voy tan digna, con la superioridad de quien cree
que es superior a este tipo de webs y a los que están dentro.
Al día siguiente mensaje de
facebook. Alguien quiere ser mi amigo. Le reconozco y le acepto, y lo que
comienza por ser un reencuentro de dos amigos separados por el tiempo, se
convierte en un… “me corta decírtelo, pero... te vi en EDarling”. Shock. Hiperventilo. Taquicardia.
La cara colorada como los tomates.
Al
final acaba por ser el tipo de los mensajes ocultos. Acabo la conversación. Jaja qué casualidad jajajaja (lease risa floja nerviosa que significa “la madre que
me…”). Y luego ternura. Solo ternura. Ves la vida de nuevo y la miras a la
cara. Y ves lo que todos intuimos y negamos: por muy independientes que nos
creamos, al final el corazón sigue buscando alguien con quien compartirlo todo.
Y para eso, sirve EDarling. Ahora, no volveré a acercarme ni una sola tecla de
ella. Para mí es coto cerrado. Aprendí la lección de que con ciertas cosas ni
se juega, por lo menos, hasta que el corazoncito vuelva a enredarme. Ay, si ya me lo decía mi madre: “ojito que el
mundo es un pañuelo”. Pues cuidado, que es muy cierto.


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