martes, 8 de marzo de 2016

La caja de música de Lorraine Capítulo 11 Adele




Capítulo 11
Adele

Bernard acompañó a Fred a su nueva habitación mientras Corine hacía lo mismo con Anna. Ambos habían elegido dos habitaciones contiguas a la suyas. Lo único que a Anna no le gustaba de todo aquello es que tendría a Fred al lado. El disgusto se le pasó cuando Corine le mostró su nueva habitación.

Estaba absolutamente decorada al mínimo detalle. Una enorme alfombra cubría todo el suelo de madera. Había de todo: armarios, un tocador con cientos de cajones lacados, un baño idéntico al de Corine y lo mejor de todo: una enorme cama con dosel que parecía sacada de un cuento veneciano.
-        ¿Esto es…mio?-preguntó Anna incrédula.
-        Por el momento, pero sí. ¡Es toda tuya!
Anna se paseó extasiada y dio una vuelta sobre sí misma.
-        ¿Sabes? Creo que podría acostumbrarme a esto.
Corine sonrió totalmente de acuerdo.
-      Anna, supongo que debes de estar un poco cansada por todo lo de ayer. –comenzó Corine- Pero teniendo en cuenta que vas a estar poco tiempo aquí…
-        ¿Sí?
-       ¿Te gustaría que te presentara a mis amigas?-le pidió con ojos brillantes- No veas la decepción que sufrieron ayer cuando se enteraron de que ibas a irte. ¡Querían conocerte!
-        Me gustaría mucho- aceptó Anna ilusionada.
-        ¡Oh genial! Te lo pasarás de muerte, lo prometo. Te vengo a recoger en media hora, ¿vale?
Corine cerró la puerta y la dejó a solas. Anna se paseó por la habitación y se asomó al baño para satisfacer su curiosidad. ¡Los grifos eran de oro! 
Ahora que no la veía nadie, Anna se atrevió a sacar el diario de debajo de sus ropas. Acarició el cuadernillo de cuero y sonrió.
-        Gracias por traerme aquí-le susurró.
-        ¡De nada!
Anna gritó asustada y se volvió. Allí, tras ella, estaba la chica de la otra noche. Se había cambiado el conjunto y lucía un vestido añil. Anna la reconoció de todas formas.
-        ¡Tú!
La chica sonrió halagada pero luego frunció el ceño al mirar a Anna.
-        ¿Vas a ir con eso? Es un vestido horrible. ¿Te lo han dado en la beneficencia?
Anna se tapó los oídos.
-        ¡No existes! ¡No eres más que un producto de mi imaginación!
-        Ya te he dicho que no soy un producto de tu imaginación.-se defendió la chica ofendida.
-        ¡Si lo eres! –replicó Anna enfadada- No te he visto en toda la noche asi que eso significa que solo te veo cuando…cuando…No importa.
-        ¿Cuándo estás estresada?-inquirió la chica divertida.
Anna apretó los puños furiosa.
-        ¡Alejate! ¡Fuera de aquí!
-        Ey, ey tranquilizate un poco.-la chica dio un paso hacia ella.- Como te ibas a marchar decidí no alterarte más, pero ahora que te quedas un día más…
Anna se alejó de ella con ojos desorbitados.
-        ¡Te he dicho que no te acerques! –le advirtió.
La chica parpadeó sorprendida.
-        ¿Pero por qué?
-        ¡Porque no existes! ¡Y punto!-chilló y salió corriendo de allí antes de que le diera tiempo a contestar.
Fue directa hasta la habitación de Corine. Llamó a la puerta con urgencia y temiendo que la chica apareciera en cualquier momento. Cuando Corine abrió la puerta, estaba sorprendida.
-       Oye, lo he pensado mejor.-comenzó Anna nerviosa- No necesito tanto tiempo para arreglarme. Asi que… ¿nos vamos ya?


Era la hora del desayuno y bajaron al comedor. El lugar estaba lleno de ventanales que dejaban pasar la luz natural de la mañana. Todos los comensales se disponían en pequeñas mesas con manteles blancos y sillas de mimbre. Anna estaba impresionada. Jamás había estado en un lugar semejante. Y menos para desayunar.
Una mujer que estaba en una mesa al lado de los ventanales se levantó y les hizo una señal. Corine sonrió.
-        Ahí están. ¡Vamos!
Se dirigieron a la mesa y Anna se sintió un poco incómoda al ver que todas las amigas de Corine se volvían hacia ella. Eran cuatro mujeres que parecían sacadas de un libro de aventuras. Dos eran idénticas y llevaban vestidos de campesinas holandesas. A su lado había una mujer de ojos rasgados y pelo negro que vestía un sencillo quimono azul. Anna se sintió un poco más aliviada cuando reconoció a  Carla entre ellas.
-         ¡Oh! ¡Sentaos, sentaos!-exclamó una de las chicas holandesas sin apartar los ojos de Anna.
Anna esbozó una sonrisa tímida y ocupó un asiento al lado de Carla. Corine hizo lo mismo al lado de la mujer asiática y entonces Anna reparó en el  vestido rosa del siglo XIX que le recordó inmediatamente a su abuela. Quizás Corine había vivido en el siglo.
Anna aprovechó para mirar a su alrededor disimuladamente. No parecía que la chica extraña la hubiera seguido.
-        Gracias por esperarnos, chicas.- oyó que decía Corine con una sonrisa- Bueno, lo prometido es deuda. Os presento a Anna.
Todas la estaban mirando con curiosidad y Anna sonrió, sin saber muy bien qué decir.
-        ¡Yo me llamo Gretel y esta es mi hermana Meike!-se presentaron las chicas holandesas sin esperar a Corine.
Parecían totalmente entusiasmadas por la presencia de Anna. Corine hizo una tosecilla.
-        Sí, gracias Gretel. –dijo mientras recuperaba la sonrisa- Ella se llama Katsumono y a Carla ya la conoces.
-        Sí,  pero entonces no sabía que estabas viva.-admitió Carla divertida mientras se volvía hacia Anna.
-        No podía decirlo. Lo siento- se excusó Anna.
-        No pasa nada-la cortó Gretel emocionada- ¡Cuéntanos todo! ¿El jefe te amenazó con la soga? ¿La guillotina?
Anna se sintió  algo apabullada  y se preguntó si no habría tenido suerte después de todo.
-        No, sólo quiso echarme.-contestó con voz de queda.
-        Gretel controla tu entusiasmo por favor-le pidió Corine con la voz algo  tensa.
-        ¿Y cómo está todo ahora? Fuera, quiero decir.-vino Carla a salvarla.
Anna la miró agradecida.
-        Pues estamos en guerra.
-        ¡En guerra!-exclamó Meikel.- ¿Contra quién?
-        Con Alemania. Tratamos de defendernos de Hitler.
-        ¿Hitler? ¿Y ese  quién es?-insisitió Gretel.
Anna frunció el ceño. No quería hablar precisamente de aquello.
-        ¿Y vosotras? ¿De qué época venis?-dijo para cambiar de tema.
Al ver el modo en que a todas se le iluminaron los ojos supo que había tocado un tema del que les encantaba hablar.
-        Nacimos en el año 1476-comenzó Gretel alegre.
-        Puaff, anticuadas.
Anna se puso rígida al reconocer esa voz. Enseguida la localizó. La chica misteriosa estaba detrás de Gretel, que seguía hablando animosamente sin percatarse de que Anna ya no la escuchaba.
-        No…-musitó Anna incrédula.
-        ¿No te parece que seamos gemelas?-dijo de pronto Meikelcon incredulidad.
-        Nadie nos lo había dicho antes. –Gretel parecía consternada.
-        ¡No quería decir eso! Perdona-farfulló Anna avergonzada. Se volvió desesperadamente hacia Carla- ¿Y tú? ¿De dónde  vienes
Carla parecía confundida.
-        Yo soy de un pueblecito de aquí. Pero no creo que te interese,  ya no existe.-le contó  Carla sin darle muchos detalles.
-        ¿Y esa de que va vestida?-la chica señaló a la mujer del kimono con grosería.
-        ¡Shh!-soltó Anna provocando que Corine le dirigiera una mirada extrañada.
-        Anna, ¿te pasa algo cielo? Pareces alterada.-le preguntó mientras observaba que no había probado bocado.
-        Esa tiene razón. ¡Te alteras por nada! Ni siquiera me has dejado explicarme.-farfulló la chica.
Nadie dio muestras de haberla oído y Anna se sintió igual que la noche anterior. No quería que creyeran que estaba loca.
-        No estoy alterada-dijo con una sonrisa tensa y mirando intensamente a la chica- Para nada.
La chica cruzó los brazos ofendida.
-        Con que quieres estar alterada ¿no?. Te demostraré que soy tan real como tú-dijo levantando la nariz.
Anna hizo como que no la había oído, pero comenzó a sentirse preocupada cuando la vio ponerse al  lado de la oreja de Corine.
-        Ahora verás.-le advirtió y entonces, sin que Anna pudiera sospecharlo, comenzó a hablar con Corine- Di que hace un día buenísimo.
Corine parpadeó extrañada, pero no dijo nada. Anna se calmó.
-        Di que hace un día maravilloso.-insisitió la chica con tranquilidad.
-        Hace un día maravilloso-dijo de pronto Corine un poco sorprendida.
-        La verdad es que sí, Corine- respondió Katsumono.
-        Pero eso puede pasar siempre. No me impresiona.- dijo Anna en voz alta, aunque miraba a la chica invisible.
-        ¿No?-intervino Carla.
-        Un día maravilloso suele ser habitual, y es normal que hablemos de ello, ¿no? Por cierto, este té está delicioso.-respondió Anna mientras tomaba un sorbo y dirigía una mirada desafiante a la chica misteriosa.
Ella sonrió con malicia y Anna tuvo un mal presentimiento. Esta vez, se inclinó sobre Carla.
-        Levántate y di que te apetece dar una vuelta por el mar.-le dijo a su oído.
Para sorpresa de Anna, Carla se levantó ante la mirada atónita de todas, aunque daba la impresión de no estar muy convencida lo que estaba haciendo.
-        Chicas…yo…Me apetece dar un paseo por…-comenzó.
-        ¡Es suficiente!-exclamó Anna mientras la cogía del brazo y la obligaba a sentarse.
Carla la miró confundida y Anna fulminó con la mirada a la chica misteriosa, que lucía una sonrisa triunfal.
-        ¿Lo ves? Soy real.
Anna frunció el ceño y trató de aparentar normalidad.
-        Necesito ir a dar una vuelta- dijo Anna. Corine la miró preocupada, pero no dijo nada.
Anna se levantó de su asiento y atravesó toda la estancia seguida de la chica misteriosa, que flotaba en el aire como si no pesara ni un gramo. No se detuvo hasta que encontró un hueco lo suficiente aislado para que nadie pudiera encontrarla.
Se volvió y se enfrentó a la chica misteriosa.
-        Bien, ¿qué quieres?-le espetó de mal humor.
-        Ya te lo he dicho. Sólo quiero ayudarte.-le respondió la chica con impaciencia.
Anna alzó una ceja. No se lo creía mucho.
-        ¿Y quién o qué se supone que eres?
La chica sonrió. Por fin parecía que estaba satisfecha.
-        Me llamo Adele.-le respondió solamente.
-        ¿Y qué se supone que eres? ¿Un fantasma? Pero entonces, estarías como ellos, ¿no?-razonó Anna en voz alta.
-        La duda ofende. Soy un espíritu, no un fantasma.-le corrigió.
Anna no lograba encontrar la diferencia entre ambos, asi que Adele se lo explicó con gusto.
-        La diferencia principal es que a mi no me retiene nada en este mundo. Puedo irme cuando quiera y volver si lo deseo.-le respondió.- Y nadie puede verme.
-        ¿Y entonces porque sólo te veo yo?
Los ojos de Adele brillaron.
-        Porque tienes mi diario.
Como si obedeciera un impulso interno, Anna sacó del interior de sus ropas el viejo libro que le habían dado en la librería.
-        ¿Tú eres A.W.?
-        ¡Sí señor! Tú conseguiste mi diario y por eso siempre que lo tengas, podrás verme y oírme. Es como una conexión. Nadie más puede tenerla.
-        Entonces si no tengo el libro…
-        Dejarás de verme. Pero eso no significa que no pueda cumplir amenazas-le advirtió Adele.
Anna recordó lo sucedido tan sólo unos minutos antes. Se imaginó a Carla llendo a un precipicio en contra de su voluntad, por su culpa. Cerró los ojos.
-        Bien, ahora que ya nos hemos presentado… ¿Podríamos ir a lo que nos interesa?- Adele interrumpió sus pensamientos.
Anna la miró. No le caía precisamente bien Adele. En el poco tiempo que había tratado con ella, se había dado cuenta de que era una persona caprichosa, impaciente y algo mandona. Pero quería que se quedara en la casa. Anna no entendía porqué, pero enseguida decidió que no le importaba. Lo único que quería era quedarse en la mansión. Y si Adele le ayudaba a conseguirlo,  sería bienvenida.
-        ¿Qué tienes pensado?-le preguntó Anna- Porque tu plan de anoche no funcionó mucho.
-        Hubiera funcionado de pleno, pero no se notaba que estuvieras muy arrepentida la verdad. Eres una pésima actriz-le soltó con indiferencia.
Anna apretó los puños con rabia y tuvo el impulso de darse la vuelta. Consiguió controlarse a duras penas.
-        Allan es bastante orgulloso y de alguna forma, te tiene entre ceja y ceja. Hay que cambiar eso.-prosiguió Adele.
-        ¿Cómo? Mañana tratará de echarme también.-le recordó Anna.
-        Pues haciéndole cambiar de opinión. Tienes que caerle muy bien para que quiera que te quedes aquí.
-        ¿Y tienes pensado cómo vas a hacer eso?-inquirió Anna incrédula.
No pensaba que nadie fuera capaz de hacer cambiar de parecer a Allan. Anna tuvo un mal presentimiento cuando Adele la miró y sonrió con misterio. 
-        Pues con una tarta.-dijo únicamente.



Próximo capítulo
Capítulo 12: La tarta

No te pierdas el capítulo anterior  Capítulo 10 aquí

 Espero que os haya gustado
¡Nos vemos en el próximo capítulo!


Un besazo







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