Capítulo 11
Adele
Bernard
acompañó a Fred a su nueva habitación mientras Corine hacía lo mismo con Anna.
Ambos habían elegido dos habitaciones contiguas a la suyas. Lo único que a Anna
no le gustaba de todo aquello es que tendría a Fred al lado. El disgusto se le
pasó cuando Corine le mostró su nueva habitación.
Estaba
absolutamente decorada al mínimo detalle. Una enorme alfombra cubría todo el
suelo de madera. Había de todo: armarios, un tocador con cientos de cajones
lacados, un baño idéntico al de Corine y lo mejor de todo: una enorme cama con
dosel que parecía sacada de un cuento veneciano.
-
¿Esto es…mio?-preguntó Anna
incrédula.
-
Por el momento, pero sí. ¡Es
toda tuya!
Anna se paseó
extasiada y dio una vuelta sobre sí misma.
-
¿Sabes? Creo que podría
acostumbrarme a esto.
Corine sonrió
totalmente de acuerdo.
- Anna, supongo que debes de
estar un poco cansada por todo lo de ayer. –comenzó Corine- Pero teniendo en
cuenta que vas a estar poco tiempo aquí…
-
¿Sí?
- ¿Te gustaría que te
presentara a mis amigas?-le pidió con ojos brillantes- No veas la decepción que
sufrieron ayer cuando se enteraron de que ibas a irte. ¡Querían conocerte!
-
Me gustaría mucho- aceptó
Anna ilusionada.
-
¡Oh genial! Te lo pasarás de
muerte, lo prometo. Te vengo a recoger en media hora, ¿vale?
Corine cerró
la puerta y la dejó a solas. Anna se paseó por la habitación y se asomó al baño
para satisfacer su curiosidad. ¡Los grifos eran de oro!
Ahora que no
la veía nadie, Anna se atrevió a sacar el diario de debajo de sus ropas.
Acarició el cuadernillo de cuero y sonrió.
-
Gracias por traerme aquí-le
susurró.
-
¡De nada!
Anna gritó
asustada y se volvió. Allí, tras ella, estaba la chica de la otra noche. Se
había cambiado el conjunto y lucía un vestido añil. Anna la reconoció de todas
formas.
-
¡Tú!
La chica
sonrió halagada pero luego frunció el ceño al mirar a Anna.
-
¿Vas a ir con eso? Es un
vestido horrible. ¿Te lo han dado en la beneficencia?
Anna se tapó
los oídos.
-
¡No existes! ¡No eres más que
un producto de mi imaginación!
-
Ya te he dicho que no soy un
producto de tu imaginación.-se defendió la chica ofendida.
-
¡Si lo eres! –replicó Anna
enfadada- No te he visto en toda la noche asi que eso significa que solo te veo
cuando…cuando…No importa.
-
¿Cuándo estás
estresada?-inquirió la chica divertida.
Anna apretó
los puños furiosa.
-
¡Alejate! ¡Fuera de aquí!
-
Ey, ey tranquilizate un
poco.-la chica dio un paso hacia ella.- Como te ibas a marchar decidí no
alterarte más, pero ahora que te quedas un día más…
Anna se alejó
de ella con ojos desorbitados.
-
¡Te he dicho que no te
acerques! –le advirtió.
La chica
parpadeó sorprendida.
-
¿Pero por qué?
-
¡Porque no existes! ¡Y
punto!-chilló y salió corriendo de allí antes de que le diera tiempo a
contestar.
Fue directa
hasta la habitación de Corine. Llamó a la puerta con urgencia y temiendo que la
chica apareciera en cualquier momento. Cuando Corine abrió la puerta, estaba
sorprendida.
- Oye, lo he pensado
mejor.-comenzó Anna nerviosa- No necesito tanto tiempo para arreglarme. Asi
que… ¿nos vamos ya?
Era la hora
del desayuno y bajaron al comedor. El lugar estaba lleno de ventanales que
dejaban pasar la luz natural de la mañana. Todos los comensales se disponían en
pequeñas mesas con manteles blancos y sillas de mimbre. Anna estaba
impresionada. Jamás había estado en un lugar semejante. Y menos para desayunar.
Una mujer que
estaba en una mesa al lado de los ventanales se levantó y les hizo una señal.
Corine sonrió.
-
Ahí están. ¡Vamos!
Se dirigieron
a la mesa y Anna se sintió un poco incómoda al ver que todas las amigas de
Corine se volvían hacia ella. Eran cuatro mujeres que parecían sacadas de un
libro de aventuras. Dos eran idénticas y llevaban vestidos de campesinas
holandesas. A su lado había una mujer de ojos rasgados y pelo negro que vestía
un sencillo quimono azul. Anna se sintió un poco más aliviada cuando reconoció
a Carla entre ellas.
-
¡Oh! ¡Sentaos, sentaos!-exclamó una de las
chicas holandesas sin apartar los ojos de Anna.
Anna esbozó
una sonrisa tímida y ocupó un asiento al lado de Carla. Corine hizo lo mismo al
lado de la mujer asiática y entonces Anna reparó en el vestido rosa del siglo XIX que le recordó
inmediatamente a su abuela. Quizás Corine había vivido en el siglo.
Anna aprovechó
para mirar a su alrededor disimuladamente. No parecía que la chica extraña la
hubiera seguido.
-
Gracias por esperarnos,
chicas.- oyó que decía Corine con una sonrisa- Bueno, lo prometido es deuda. Os
presento a Anna.
Todas la
estaban mirando con curiosidad y Anna sonrió, sin saber muy bien qué decir.
-
¡Yo me llamo Gretel y esta es
mi hermana Meike!-se presentaron las chicas holandesas sin esperar a Corine.
Parecían
totalmente entusiasmadas por la presencia de Anna. Corine hizo una tosecilla.
-
Sí, gracias Gretel. –dijo
mientras recuperaba la sonrisa- Ella se llama Katsumono y a Carla ya la
conoces.
-
Sí, pero entonces no sabía que estabas
viva.-admitió Carla divertida mientras se volvía hacia Anna.
-
No podía
decirlo. Lo siento- se excusó Anna.
-
No pasa
nada-la cortó Gretel emocionada- ¡Cuéntanos todo! ¿El jefe te amenazó con la
soga? ¿La guillotina?
Anna se sintió algo
apabullada y
se preguntó si no habría tenido suerte después de todo.
-
No, sólo quiso echarme.-contestó
con voz de queda.
-
Gretel controla tu entusiasmo
por favor-le pidió Corine con la voz algo
tensa.
-
¿Y cómo está todo ahora?
Fuera, quiero decir.-vino Carla a salvarla.
Anna la miró
agradecida.
-
Pues estamos en guerra.
-
¡En guerra!-exclamó Meikel.-
¿Contra quién?
-
Con Alemania. Tratamos de
defendernos de Hitler.
-
¿Hitler? ¿Y ese quién es?-insisitió Gretel.
Anna frunció
el ceño. No quería hablar precisamente de aquello.
-
¿Y vosotras? ¿De qué época
venis?-dijo para cambiar de tema.
Al ver el modo
en que a todas se le iluminaron los ojos supo que había tocado un tema del que les
encantaba hablar.
-
Nacimos en el año
1476-comenzó Gretel alegre.
-
Puaff, anticuadas.
Anna se puso
rígida al reconocer esa voz. Enseguida la localizó. La chica misteriosa estaba
detrás de Gretel, que seguía hablando animosamente sin percatarse de que Anna
ya no la escuchaba.
-
No…-musitó Anna incrédula.
-
¿No te parece que seamos
gemelas?-dijo de pronto Meikelcon incredulidad.
-
Nadie nos lo había dicho
antes. –Gretel parecía consternada.
-
¡No quería decir eso!
Perdona-farfulló Anna avergonzada. Se volvió desesperadamente hacia Carla- ¿Y
tú? ¿De dónde vienes
Carla parecía
confundida.
-
Yo soy de un pueblecito de
aquí. Pero no creo que te interese, ya
no existe.-le contó Carla sin darle
muchos detalles.
-
¿Y esa de que va vestida?-la
chica señaló a la mujer del kimono con grosería.
-
¡Shh!-soltó Anna provocando
que Corine le dirigiera una mirada extrañada.
-
Anna, ¿te pasa algo cielo?
Pareces alterada.-le preguntó mientras observaba que no había probado bocado.
-
Esa tiene razón. ¡Te alteras
por nada! Ni siquiera me has dejado explicarme.-farfulló la chica.
Nadie dio
muestras de haberla oído y Anna se sintió igual que la noche anterior. No
quería que creyeran que estaba loca.
-
No estoy alterada-dijo con
una sonrisa tensa y mirando intensamente a la chica- Para nada.
La chica cruzó
los brazos ofendida.
-
Con que quieres estar
alterada ¿no?. Te demostraré que soy tan real como tú-dijo levantando la nariz.
Anna hizo como
que no la había oído, pero comenzó a sentirse preocupada cuando la vio ponerse
al lado de la oreja de Corine.
-
Ahora verás.-le advirtió y
entonces, sin que Anna pudiera sospecharlo, comenzó a hablar con Corine- Di que
hace un día buenísimo.
Corine
parpadeó extrañada, pero no dijo nada. Anna se calmó.
-
Di que hace un día
maravilloso.-insisitió la chica con tranquilidad.
-
Hace un día maravilloso-dijo
de pronto Corine un poco sorprendida.
-
La verdad es que sí, Corine-
respondió Katsumono.
-
Pero eso puede pasar siempre.
No me impresiona.- dijo Anna en voz alta, aunque miraba a la chica invisible.
-
¿No?-intervino Carla.
-
Un día maravilloso suele ser
habitual, y es normal que hablemos de ello, ¿no? Por cierto, este té está
delicioso.-respondió Anna mientras tomaba un sorbo y dirigía una mirada
desafiante a la chica misteriosa.
Ella sonrió
con malicia y Anna tuvo un mal presentimiento. Esta vez, se inclinó sobre Carla.
-
Levántate y di que te apetece
dar una vuelta por el mar.-le dijo a su oído.
Para sorpresa
de Anna, Carla se levantó ante la mirada atónita de todas, aunque daba la
impresión de no estar muy convencida lo que estaba haciendo.
-
Chicas…yo…Me apetece dar un
paseo por…-comenzó.
-
¡Es suficiente!-exclamó Anna
mientras la cogía del brazo y la obligaba a sentarse.
Carla la miró
confundida y Anna fulminó con la mirada a la chica misteriosa, que lucía una
sonrisa triunfal.
-
¿Lo ves? Soy real.
Anna frunció
el ceño y trató de aparentar normalidad.
-
Necesito ir a dar una vuelta-
dijo Anna. Corine la miró preocupada, pero no dijo nada.
Anna se
levantó de su asiento y atravesó toda la estancia seguida de la chica
misteriosa, que flotaba en el aire como si no pesara ni un gramo. No se detuvo
hasta que encontró un hueco lo suficiente aislado para que nadie pudiera
encontrarla.
Se volvió y se
enfrentó a la chica misteriosa.
-
Bien, ¿qué quieres?-le espetó
de mal humor.
-
Ya te lo he dicho. Sólo
quiero ayudarte.-le respondió la chica con impaciencia.
Anna alzó una
ceja. No se lo creía mucho.
-
¿Y quién o qué se supone que
eres?
La chica sonrió.
Por fin parecía que estaba satisfecha.
-
Me llamo Adele.-le respondió
solamente.
-
¿Y qué se supone que eres?
¿Un fantasma? Pero entonces, estarías como ellos, ¿no?-razonó Anna en voz alta.
-
La duda ofende. Soy un
espíritu, no un fantasma.-le corrigió.
Anna no
lograba encontrar la diferencia entre ambos, asi que Adele se lo explicó con
gusto.
-
La diferencia principal es
que a mi no me retiene nada en este mundo. Puedo irme cuando quiera y volver si
lo deseo.-le respondió.- Y nadie puede verme.
-
¿Y entonces porque sólo te
veo yo?
Los ojos de
Adele brillaron.
-
Porque tienes mi diario.
Como si
obedeciera un impulso interno, Anna sacó del interior de sus ropas el viejo
libro que le habían dado en la librería.
-
¿Tú eres A.W.?
-
¡Sí señor! Tú conseguiste mi
diario y por eso siempre que lo tengas, podrás verme y oírme. Es como una
conexión. Nadie más puede tenerla.
-
Entonces si no tengo el
libro…
-
Dejarás de verme. Pero eso no
significa que no pueda cumplir amenazas-le advirtió Adele.
Anna recordó
lo sucedido tan sólo unos minutos antes. Se imaginó a Carla llendo a un
precipicio en contra de su voluntad, por su culpa. Cerró los ojos.
-
Bien, ahora que ya nos hemos
presentado… ¿Podríamos ir a lo que nos interesa?- Adele interrumpió sus
pensamientos.
Anna la miró.
No le caía precisamente bien Adele. En el poco tiempo que había tratado con
ella, se había dado cuenta de que era una persona caprichosa, impaciente y algo
mandona. Pero quería que se quedara en la casa. Anna no entendía porqué, pero
enseguida decidió que no le importaba. Lo único que quería era quedarse en la
mansión. Y si Adele le ayudaba a conseguirlo,
sería bienvenida.
-
¿Qué tienes pensado?-le
preguntó Anna- Porque tu plan de anoche no funcionó mucho.
-
Hubiera funcionado de pleno,
pero no se notaba que estuvieras muy arrepentida la verdad. Eres una pésima
actriz-le soltó con indiferencia.
Anna apretó
los puños con rabia y tuvo el impulso de darse la vuelta. Consiguió controlarse
a duras penas.
-
Allan es bastante orgulloso y
de alguna forma, te tiene entre ceja y ceja. Hay que cambiar eso.-prosiguió
Adele.
-
¿Cómo? Mañana tratará de
echarme también.-le recordó Anna.
-
Pues haciéndole cambiar de
opinión. Tienes que caerle muy bien para que quiera que te quedes aquí.
-
¿Y tienes pensado cómo vas a
hacer eso?-inquirió Anna incrédula.
No pensaba que
nadie fuera capaz de hacer cambiar de parecer a Allan. Anna tuvo un mal
presentimiento cuando Adele la miró y sonrió con misterio.
-
Pues con una tarta.-dijo
únicamente.
Próximo capítulo
Espero que os haya gustado
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
Un besazo


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