martes, 7 de junio de 2016

El silencio de los aplausos #microrrelato




Hay un día en todo el año que espero y deseo que llegue con ardor de Toledana. Hay un día en que de la noche a la mañana una extraña comitiva coloca el palio que señala que ya está cerca el día señalado. Hay un día en el que las calles se adornan de mantones, estandartes, y . Hay un día en el que los edificios parece crecer un bosque de rosas, azaleas…las flores parecen sustituir a los polvorientos y antiguos ladrillos de los edificios. Hay un día en el que la ciudad dobla de habitantes y las calles se llenan, y parece convertirse en plena plaza del sol en Navidad. Hay un día en el que a un Toledano le cuesta dar un paso, de la gente, de lo bonito y de lo rebonico que está todo.

Hay un día en que Toledo huele a tomillo y a fe. Un día en el que unas salvas reales nos levantan de la cama y nos recuerdan que ha llegado la hora. Momento de enfundarse las mejores galas antes de salir a la calle. Incluso te atreves con tacones. Valiente toledana. No importa el empedrado, ni el frío ni las amenazas de cielo encapotao. Hay que darlo todo en este día, en esas pocas horas que durará la procesión, hay que darlo por el que va a salir. Día grande solo hay uno.

Salimos de casa la familia entera. Hace frío, pero la chaqueta abriga. Me gusta esa sensación, siempre es lo mismo. Primero el frío, luego el calor y luego ya no hay calor ni frio. Solo sentir. Tradición de año tras año. Como peregrinaje santo, empezamos nuestra subida hacia el casco histórico toledano. Cuestas y cuestas hasta que llego a ese cruce, la de la calle Alfonso X El Sabio y la calle Navarro Ldesma, donde mis pies, mi cuerpo entero se ve rodeado, envuelto en aromas de tomillo. Cierro los ojos y respiro profundamente. Este es uno de los momentos más sencillos y más bonitos de este día. Ese instante en que pones tus pies sobre la alfombra de tomillo que en la madrugá, unos buenos hombres a los que nunca he visto, extienden en silencio.

Toca parada obligatoria para coger fuerzas y desayunar en La Tarasca. Otro de esos instantes especiales. Tradición familiar pasito a pasito. Café con leche, churros y tostadas. Momento de comentar los adornos del recorrido, que este año parecen más bellos que nunca, fundiéndose el fucsia con los tapices centenarios de hilo de oro de la catedral, y con la alfombra de tomillo. Rosa, verde y dorado. Tres colores que en corpus siempre estarán.

No perdemos el tiempo y enseguidita, abandonamos el bar y caminamos presurosos hasta “nuestro sitio”, el lugar donde vemos cada año la carrera procesional y desde donde la gente, los amigos, los vecinos…saben que ese es “nuestro sitio” año tras año. Llegamos temprano. No importa. Hacemos tiempo charlando, leyendo el periódico y observando a la gente. Y pasa rápido.
Comienza la procesión. Primero los caballos. Luego estandartes, mantillas negras y blancas, vestidos blancos de los niños de comunión, los Hortelanos, la Cofradía de la Virgen del Valle, la Hospitalidad de Lourdes, el colegio Infantes…y llega.

Llega entre lluvias de pétalos, entre sonido de campanillas y aplausos. Llega abrazada, exultante, brillante…Divino trono dorado de Arfe. La he visto muchas veces, y siempre que la miro me asombra. Sus detalles, su mimo, sus complicadas filigranas, sus figurillas…

Hay quién aplaude a la Custodia. Hay quien aplaude al arte. Hay quien aplaude simplemente. Yo aplaudo al que está dentro del trono, a mi Rey. Jesús Eucaristía, que ha salido a las calles por ti y por mí. La emoción me desborda y es muy grande el esfuerzo por contenerla, mientras pasa a mi lado y yo siento una vez más, la tentación de estirar el brazo y tocarla con los dedos. Pues es lo bueno de Toledo, calles tan estrechas que te hacen siempre estar cerca.

Pero hoy fallan los aplausos. Oigo menos, muchos menos que otros años. Y cuando miro a mi alrededor, todo el mundo con su móviles, sus cámaras y flashes, inmortalizando el momento. Aplaudo más fuerte para compensar la falta, no quiero que fallen los aplausos. No quiero fotos. Hay veces que por sacar una foto, nos olvidamos de vivir el momento.


¡Espero que os haya gustado!

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