Capítulo 7
El espectáculo
-
¿De verdad estaban cómodos
con estas cosas?-inquirió Fred mientras trataba de abrocharse una chaqueta de
terciopelo negro de un corte desfasado.
-
A mí no me parece tan
horrible- dijo Anna al tiempo que salía con un vestido entallado en crudo que
le llegaba hasta los pies- Esto debió llevarlo mi abuela, y me encanta.-dijo
para callar a Fred.
Bernard les
mandó callar rápidamente.
-
No habléis tan alto, ¡podrían
oírnos!
-
¿Quién?-preguntó Anna
mientras iba a echar una mano a Fred.
-
Corine, mi mujer. Ya os la
presentaré más tarde. Ahora debe estar cotorreando con sus amigas.-le explicó
Bernard mientras se enfundaba en un traje negro.- Por cierto, muy importante.
Poneos los guantes y ¡no os los quitéis bajo ninguna circunstancia! Así nadie
se dará cuenta si estáis vivos.
-
¿Por qué? No creo que nos
vayan a hacer nada-dijo Anna mientras obedecía.
-
Sería una gran conmoción
Anna. Y si vais a marcharos mañana…-al decir aquello miró a Fred de soslayo-
Bueno, simplemente no merece la pena.
Fred miró a
Bernard con envidia y Anna puso los ojos en blanco mientras lo ayudaba. No se
percató que Fred estaba un poco incómodo. Cuando terminaron de arreglarse,
Bernard los condujo a través de un pasillo bastante estrecho.
-
No es muy…impresionante-alegó
Anna mientras se fijaba en una pared llena de telarañas.
-
Este es el paso del servicio.-dijo
Bernard rápidamente.- Ajá, ya hemos llegado.
Anna siguió a
Bernard y se dio cuenta de que habían salido por un saloncito que
inmediatamente le recordó a una postal que había visto del palacio de
Versalles. Sólo que mucho más sencillo. Fue como retroceder en el tiempo y Anna
se detuvo un momento para saborearlo. Bernard enseguida la metió prisa y le
siguió con Fred a su espalda. Anna se sintió un poco chafada, pero cuando
Bernard se detuvo tuvo que tragarse sus quejas.
Bernard se paró delante de una cortina carmesí y se volvió hacia Anna
con una sonrisa.
-
Asómate.-le pidió.
Anna obedeció
y se quedó sin palabras. Al otro lado de la cortina había una maravillosa sala
en semipenumbra llena de gente. Pudo oír sus murmullos apagados y ver los
ropajes variopintos que llevaban.
Fantasmas.
Ella, Anna, estaba viendo ¡fantasmas!
-
Lo prometido es deuda.-dijo
Bernard simplemente- Bajad y disfrutar de la fiesta. ¡Ah! Por cierto, Anna
¿sabes cantar?
-
¿Yo? Bueno…no sé…creo que
si.-dijo Anna un poco avergonzada.
Bernard
compuso una sonrisa que no le gustó nada.
-
Perfecto. Nos veremos
después.
Bernard les
señaló el camino. Fred y ella descendieron unas escaleras. Fred se detuvo en el
umbral cuando vio a tanta gente. Anna le dio un empujón con impaciencia.
-
Cuidado, no vayas a caerte-le
dijo alzando una ceja.
Fred lo miró
con desaliento.
-
Anna, ¿adónde vas? Es mejor
que nos quedemos aquí.-dijo con cierto miedo al ver que Anna iba a tirar a
andar por su cuenta.
Ella se volvió
y lo miró con incredulidad.
-
Estás de broma, ¿no?
Se dio la
vuelta y caminó resuelta por entre la gente. Fred a su pesar, la siguió.
Anna enseguida
se vio contagiada por aquel ambiente. Toda aquella gente parecía tan viva como
ella y charlaban animadamente unos con otros. Contuvo una exclamación cuando
distinguió a chica vestida con ropajes indues, pero aquello sólo había sido el
inicio. Había duquesas del medievo, condesas de Versalles, caballeros de
justas, trovadores…Era como un baile de disfraces. Sólo que no eran disfraces.
Aquello era
real.
Alguien la
tocó en el hombro y Anna se volvió. Una mujer vestida de burlesque la miró con
curiosidad. Tenía los labios pintados de carmesí y el pelo rubio rizado en
tirabuzones.
-
¡Me encanta tu vestido!-le
soltó animada.
-
Gracias- respondió Anna con
timidez y un poco inquieta. No debía dejar que descubrieran que estaba viva.
-
Aunque me suena de
algo…-susurró frunciendo el ceño- Bueno, no importa. No te conozco cielo. ¿Eres
nueva?
-
He llegado hoy.
-
¡Hoy!-la mujer abrió los ojos
como platos- Ay madre. Pobrecilla, estarás confundidisima.- la miró con
preocupación.
-
Bueno, ya me voy
acostumbrando.-Anna le quitó importancia.
-
Es admirable. A mi me costó
una semana acostumbrarme a mi cuerpo. Aunque claro, con un cuerpo como el
mío…-la mujer se rió animada.- Dejemos de hablar de cosas desagradables. Esta
noche hay que divertirse. ¿Conoces ya a alguien?
-
La verdad es que…no.
La mujer la
sonrió con ternura.
-
¡Eso debemos remediarlo!-
dijo al tiempo que la cogía de la mano y la llevaba hasta un corrillo de gente.
Este se abrió
enseguida al llegar a la mujer. Había dos mujeres y tres hombres. Uno de ellos
se volvió hacia ellas.
-
Por fin aparece la mujer más
hermosa de este lugar.-le dijo con ojos brillantes.
-
Ya sabes Edward, lo mejor
siempre se hace esperar.-le dijo la mujer. Anna sonrió. Le encantó la seguridad
que irradiaba.
-
¿No vas a presentarnos a tu
hermosa acompañante?-dijo otro de ellos mirando a Anna con intensidad.
Anna se
ruborizó un poco.
-
No esperaba menos de ti,
Patrick. –dijo la mujer alegre- Esta es Anna. Acaba de llegar hoy así que sed
buenos con ella, ¿de acuerdo?
-
Yo me llamo Carla. También
llegué hace poco-le dijo una de las chicas. Tenía el cabello pelirrojo suelto
sobre los hombros.
Anna asintió
más cómoda y trató de quedarse con los nombres década uno cuando se
presentaron. Todos pronto comenzaron a hacerle preguntas, y Anna se sintió
encantada de ser por primera vez en su vida el centro de atención.
-
¡Uy! Me tengo que ir.
¡Deseadme suerte!-dijo la chica mientras se marchaba rápidamente.
Carla se
acercó a Anna.
-
Corine es increíble, ¿verdad?
Derrocha tanta energía…
Anna se dio
cuenta de que ya había oído ese nombre antes.
-
¿Has dicho que se llama
Corine?
-
Sí, ¿por qué?
-
Por nada.-mintió Anna.
Acababa de conocer a la mujer de Bernard.- ¿Y cuándo llegaste?
-
Hace un mes-respondió Carla-
Y me sentó fatal. Hacía tanto tiempo que no tenía mi cuerpo que sentirlo de
nuevo fue…horrible. Como si estuviera enferma. Pero en cuanto te recuperas es
genial.
-
¿Y dices que has llegado
hoy?-intervino el tal Patrick admirado- La corporación te ha sentado genial.
Anna se
sonrojó un poco y se sintió aliviada cuando Carla volvió a hablar.
-
¡La verdad es que es
increíble! Parece como si no te hubiera costado nada. ¿Cómo lo has hecho?
-
Bueno, yo…-Anna sintió que
las palabras se le atascaban en la garganta- No es para tanto.
-
¿Bromeas?-inquirió Edward- Yo
me pasé días en cama. Vamos, dinos tu secreto.
-
Es aburrido-se inventó Anna,
mientras notaba que el sudor perlaba su frente.
¿Pero es que
no se daban cuenta que estaba mintiendo a machete? No tenía ni idea de lo que
era eso de la corporación. ¿Y si decía algo mal y se daban cuenta?
-
Hace siglos que no oigo una buena
historia-insistió Edward.
Anna ya estaba
a punto de salir corriendo cuando Carla los mandó callar.
-
¡Mirad!-dijo.
Anna siguió la
dirección de su mirada. Se dio cuenta de que el escenario se había iluminado y
había comenzado a sonar una música llena de ritmo. Súbitamente, el telón del
escenario se levantó y salió Bernard cantando. Detrás de él, un grupo extenso
de bailarines ejecutaba una danza llena de complejidad, malabarismos y
complicadas acrobacias.
Anna se tapó
la boca con las manos, demasiado impresionada. Miles de serpentinas salieron
volando en distintas direcciones. Entonces, Bernard gritó a la multitud.
-
¡Es la hora de la diversión!
Como si todo
el mundo hubiera esperado aquella señal, comenzaron a bailar al ritmo deslocado
de aquella música tan extraña, y a la vez, deliciosa. Anna no había escuchado
en su vida nada igual, pero sus pies comenzaron a moverse solos.
Sonrió
contagiada cuando miró a su alrededor y distinguió a un general romano bailando
con una bailarina de ballet. ¡Aquello era de locos! Contagiada por la música,
empezó a bailar cuando Carla la obligó a dar una vuelta. Su vestido voló en el
aire y se sintió transportada.
Tomó una
decisión.
No pensaba
irse de allí nunca. Y Fred podía hacer lo que le diera la gana.
-
¡Es Corine!-gritó alguien.
Un enorme foco
iluminó el techo. Anna lo siguió y descubrió a la mujer que había conocido
momentos antes. Estaba suspendida sobre un trapecio, con un vestido negro lleno
de lentejuelas y transparencias. Comenzó a hacer unas espectaculares acrobacias
en el trapecio al ritmo de la música de Bernard. Anna contenía el aliento
cuando la vio saltar de un trapecio a otro, peligrando su vida. Al ver que nada
malo sucedía, enseguida le pareció que era un ángel surcando el cielo y deseó
ser como ella.
Corine terminó
su actuación y bajó hasta el escenario principal donde Bernard la recibió con
los brazos abiertos. Hubo un momento en que ambos cruzaron sus miradas. Anna
vio la ternura que invadía sus rostros y supo la razón por la que Bernard se
había quedado allí. Estaban enamorados de verdad.
En el fondo,
Anna deseó vivir algo similar.
Tras ese
pequeño instante que solo Anna pareció percibir, Bernard comenzó a cantar otra
canción, casi tan loca como la anterior, y aquel segundo de amor se ocultó bajo
la luz de los focos.
Algo tiró de
Anna y de repente se encontró en los brazos de Patrick. Antes de que pudiera
protestar, este la cogió de la mano y comenzó a bailar con ella. Anna sentía el
cuerpo rígido por aquella cercanía que ella nunca había experimentado. Trató de
librarse de él un momento para recuperar el aliento, pero Patrick no la dejó.
Entonces, se sintió deslumbrada cuando un foco los apuntó a ambos.
Anna parpadeó
tratando de ver algo. Cuando se acostumbró, vio que Bernard le tendía una mano.
La miró y luego la cogió como si fuera su salvación.
Sólo cuando se
percató de que había subido al escenario, se dio cuenta de su terrible error.
Próximo capítulo
Espero que os haya gustado
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
¡Nos vemos en el próximo capítulo!


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