viernes, 18 de diciembre de 2015

La caja de música de Lorraine Capítulo 7 El espectáculo




Capítulo 7
El espectáculo

-        ¿De verdad estaban cómodos con estas cosas?-inquirió Fred mientras trataba de abrocharse una chaqueta de terciopelo negro de un corte desfasado.
-        A mí no me parece tan horrible- dijo Anna al tiempo que salía con un vestido entallado en crudo que le llegaba hasta los pies- Esto debió llevarlo mi abuela, y me encanta.-dijo para callar a Fred.

Bernard les mandó callar rápidamente.
-        No habléis tan alto, ¡podrían oírnos!
-        ¿Quién?-preguntó Anna mientras iba a echar una mano a Fred.
-        Corine, mi mujer. Ya os la presentaré más tarde. Ahora debe estar cotorreando con sus amigas.-le explicó Bernard mientras se enfundaba en un traje negro.- Por cierto, muy importante. Poneos los guantes y ¡no os los quitéis bajo ninguna circunstancia! Así nadie se dará cuenta si estáis vivos.
-        ¿Por qué? No creo que nos vayan a hacer nada-dijo Anna mientras obedecía.
-        Sería una gran conmoción Anna. Y si vais a marcharos mañana…-al decir aquello miró a Fred de soslayo- Bueno, simplemente no merece la pena.
Fred miró a Bernard con envidia y Anna puso los ojos en blanco mientras lo ayudaba. No se percató que Fred estaba un poco incómodo. Cuando terminaron de arreglarse, Bernard los condujo a través de un pasillo bastante estrecho.
-        No es muy…impresionante-alegó Anna mientras se fijaba en una pared llena de telarañas.
-        Este es el paso del servicio.-dijo Bernard rápidamente.- Ajá, ya hemos llegado.
Anna siguió a Bernard y se dio cuenta de que habían salido por un saloncito que inmediatamente le recordó a una postal que había visto del palacio de Versalles. Sólo que mucho más sencillo. Fue como retroceder en el tiempo y Anna se detuvo un momento para saborearlo. Bernard enseguida la metió prisa y le siguió con Fred a su espalda. Anna se sintió un poco chafada, pero cuando Bernard se detuvo tuvo que tragarse sus quejas.  Bernard se paró delante de una cortina carmesí y se volvió hacia Anna con una sonrisa.
-        Asómate.-le pidió.
Anna obedeció y se quedó sin palabras. Al otro lado de la cortina había una maravillosa sala en semipenumbra llena de gente. Pudo oír sus murmullos apagados y ver los ropajes variopintos que llevaban.
Fantasmas. Ella, Anna, estaba viendo ¡fantasmas!
-        Lo prometido es deuda.-dijo Bernard simplemente- Bajad y disfrutar de la fiesta. ¡Ah! Por cierto, Anna ¿sabes cantar?
-        ¿Yo? Bueno…no sé…creo que si.-dijo Anna un poco avergonzada.
Bernard compuso una sonrisa que no le gustó nada.
-        Perfecto. Nos veremos después.
Bernard les señaló el camino. Fred y ella descendieron unas escaleras. Fred se detuvo en el umbral cuando vio a tanta gente. Anna le dio un empujón con impaciencia.
-        Cuidado, no vayas a caerte-le dijo alzando una ceja.
Fred lo miró con desaliento.
-        Anna, ¿adónde vas? Es mejor que nos quedemos aquí.-dijo con cierto miedo al ver que Anna iba a tirar a andar por su cuenta.
Ella se volvió y lo miró con incredulidad.
-        Estás de broma, ¿no?
Se dio la vuelta y caminó resuelta por entre la gente. Fred a su pesar, la siguió.
Anna enseguida se vio contagiada por aquel ambiente. Toda aquella gente parecía tan viva como ella y charlaban animadamente unos con otros. Contuvo una exclamación cuando distinguió a chica vestida con ropajes indues, pero aquello sólo había sido el inicio. Había duquesas del medievo, condesas de Versalles, caballeros de justas, trovadores…Era como un baile de disfraces. Sólo que no eran disfraces.
Aquello era real.
Alguien la tocó en el hombro y Anna se volvió. Una mujer vestida de burlesque la miró con curiosidad. Tenía los labios pintados de carmesí y el pelo rubio rizado en tirabuzones.
-        ¡Me encanta tu vestido!-le soltó animada.
-        Gracias- respondió Anna con timidez y un poco inquieta. No debía dejar que descubrieran que estaba viva.
-        Aunque me suena de algo…-susurró frunciendo el ceño- Bueno, no importa. No te conozco cielo. ¿Eres nueva?
-        He llegado hoy.
-        ¡Hoy!-la mujer abrió los ojos como platos- Ay madre. Pobrecilla, estarás confundidisima.- la miró con preocupación.
-        Bueno, ya me voy acostumbrando.-Anna le quitó importancia.
-        Es admirable. A mi me costó una semana acostumbrarme a mi cuerpo. Aunque claro, con un cuerpo como el mío…-la mujer se rió animada.- Dejemos de hablar de cosas desagradables. Esta noche hay que divertirse. ¿Conoces ya a alguien?
-        La verdad es que…no.
La mujer la sonrió con ternura.
-        ¡Eso debemos remediarlo!- dijo al tiempo que la cogía de la mano y la llevaba hasta un corrillo de gente.
Este se abrió enseguida al llegar a la mujer. Había dos mujeres y tres hombres. Uno de ellos se volvió hacia ellas.
-        Por fin aparece la mujer más hermosa de este lugar.-le dijo con ojos brillantes.
-        Ya sabes Edward, lo mejor siempre se hace esperar.-le dijo la mujer. Anna sonrió. Le encantó la seguridad que irradiaba.
-        ¿No vas a presentarnos a tu hermosa acompañante?-dijo otro de ellos mirando a Anna con intensidad.
Anna se ruborizó un poco.
-        No esperaba menos de ti, Patrick. –dijo la mujer alegre- Esta es Anna. Acaba de llegar hoy así que sed buenos con ella, ¿de acuerdo?
-        Yo me llamo Carla. También llegué hace poco-le dijo una de las chicas. Tenía el cabello pelirrojo suelto sobre los hombros.
Anna asintió más cómoda y trató de quedarse con los nombres década uno cuando se presentaron. Todos pronto comenzaron a hacerle preguntas, y Anna se sintió encantada de ser por primera vez en su vida el centro de atención.
-        ¡Uy! Me tengo que ir. ¡Deseadme suerte!-dijo la chica mientras se marchaba rápidamente.
Carla se acercó a Anna.
-        Corine es increíble, ¿verdad? Derrocha tanta energía…
Anna se dio cuenta de que ya había oído ese nombre antes.
-        ¿Has dicho que se llama Corine?
-        Sí, ¿por qué?
-        Por nada.-mintió Anna. Acababa de conocer a la mujer de Bernard.- ¿Y cuándo llegaste?
-        Hace un mes-respondió Carla- Y me sentó fatal. Hacía tanto tiempo que no tenía mi cuerpo que sentirlo de nuevo fue…horrible. Como si estuviera enferma. Pero en cuanto te recuperas es genial.
-        ¿Y dices que has llegado hoy?-intervino el tal Patrick admirado- La corporación te ha sentado genial.
Anna se sonrojó un poco y se sintió aliviada cuando Carla volvió a hablar.
-        ¡La verdad es que es increíble! Parece como si no te hubiera costado nada. ¿Cómo lo has hecho?
-        Bueno, yo…-Anna sintió que las palabras se le atascaban en la garganta- No es para tanto.
-        ¿Bromeas?-inquirió Edward- Yo me pasé días en cama. Vamos, dinos tu secreto.
-        Es aburrido-se inventó Anna, mientras notaba que el sudor perlaba su frente.
¿Pero es que no se daban cuenta que estaba mintiendo a machete? No tenía ni idea de lo que era eso de la corporación. ¿Y si decía algo mal y se daban cuenta?
-        Hace siglos que no oigo una buena historia-insistió Edward.
Anna ya estaba a punto de salir corriendo cuando Carla los mandó callar.
-        ¡Mirad!-dijo.
Anna siguió la dirección de su mirada. Se dio cuenta de que el escenario se había iluminado y había comenzado a sonar una música llena de ritmo. Súbitamente, el telón del escenario se levantó y salió Bernard cantando. Detrás de él, un grupo extenso de bailarines ejecutaba una danza llena de complejidad, malabarismos y complicadas acrobacias.
Anna se tapó la boca con las manos, demasiado impresionada. Miles de serpentinas salieron volando en distintas direcciones. Entonces, Bernard gritó a la multitud.
-        ¡Es la hora de la diversión!
Como si todo el mundo hubiera esperado aquella señal, comenzaron a bailar al ritmo deslocado de aquella música tan extraña, y a la vez, deliciosa. Anna no había escuchado en su vida nada igual, pero sus pies comenzaron a moverse solos.
Sonrió contagiada cuando miró a su alrededor y distinguió a un general romano bailando con una bailarina de ballet. ¡Aquello era de locos! Contagiada por la música, empezó a bailar cuando Carla la obligó a dar una vuelta. Su vestido voló en el aire y se sintió transportada.
Tomó una decisión.
No pensaba irse de allí nunca. Y Fred podía hacer lo que le diera la gana.
-        ¡Es Corine!-gritó alguien.
Un enorme foco iluminó el techo. Anna lo siguió y descubrió a la mujer que había conocido momentos antes. Estaba suspendida sobre un trapecio, con un vestido negro lleno de lentejuelas y transparencias. Comenzó a hacer unas espectaculares acrobacias en el trapecio al ritmo de la música de Bernard. Anna contenía el aliento cuando la vio saltar de un trapecio a otro, peligrando su vida. Al ver que nada malo sucedía, enseguida le pareció que era un ángel surcando el cielo y deseó ser como ella.
Corine terminó su actuación y bajó hasta el escenario principal donde Bernard la recibió con los brazos abiertos. Hubo un momento en que ambos cruzaron sus miradas. Anna vio la ternura que invadía sus rostros y supo la razón por la que Bernard se había quedado allí. Estaban enamorados de verdad.
En el fondo, Anna deseó vivir algo similar.
Tras ese pequeño instante que solo Anna pareció percibir, Bernard comenzó a cantar otra canción, casi tan loca como la anterior, y aquel segundo de amor se ocultó bajo la luz de los focos.
Algo tiró de Anna y de repente se encontró en los brazos de Patrick. Antes de que pudiera protestar, este la cogió de la mano y comenzó a bailar con ella. Anna sentía el cuerpo rígido por aquella cercanía que ella nunca había experimentado. Trató de librarse de él un momento para recuperar el aliento, pero Patrick no la dejó. Entonces, se sintió deslumbrada cuando un foco los apuntó a ambos.
Anna parpadeó tratando de ver algo. Cuando se acostumbró, vio que Bernard le tendía una mano. La miró y luego la cogió como si fuera su salvación.
Sólo cuando se percató de que había subido al escenario, se dio cuenta de su terrible error.



Próximo capítulo
Capítulo 8: El solo

No te pierdas el anterior capítulo: Capítulo 6  aquí

 Espero que os haya gustado
¡Nos vemos en el próximo capítulo!

Un besazo








0 comentarios:

Publicar un comentario

 

Atípica Copyright © 2011 -- Template created by O Pregador -- Powered by Blogger