miércoles, 27 de enero de 2016

La caja de música de Lorraine Capítulo 9 El dueño de la casa






Capítulo 9
El dueño de la casa


Cuando Bernard entró en la cámara del jefe acompañado de Fred, vio que no estaban solos. Al lado de la hoguera, había dos sillones. En uno de ellos estaba sentada Anna. Tenía la espalda recta y estaba rígida. Pareció aliviada al verlos.
El otro estaba de espaldas a ellos, pero Bernard no necesitó saber quién estaba sentado en él.
-        Bernard, me alegro de que por fin hayas venido. Acercarte, por favor- dijo la voz.
Fred tragó saliva y miró a Bernard con temor mientras le obedecían. Finalmente del asiento se levantó el jefe de la casa y pudo ver su rostro. Se quedó de piedra cuando descubrió a un joven que le sacaba dos cabezas.
La expresión del joven era severa e intimidaba un poco. Mantenia los brazos a su espalda, como si fuera un gran señor del pasado. Fred vio la mirada que Anna le dirigía, aunque no distinguió en ella el mismo miedo que sentía él.
-        Esta noche había dos invitados más en mi casa y no acabo de entender porque me he enterado de todo esto por casualidad.-terminó el joven mirando fijamente a Bernard.
-        No es culpa de los chicos, jefe.-respondió Bernard tranquilamente.- Encontraron la casa como yo lo hice años atrás, y no podía echarles sin más.
-        E invitarles sin mi permiso es más adecuado, ¿no?-inquirió él.
Bernard no respondió y Anna se levantó sin poder aguantarlo más.
-        No es culpa de Bernard, Allan.
-        Ya te he dicho que no me llames así. –Allan se volvió hacia ella enfadado.
Anna siguió sin hacerle caso y se acercó a ellos.
-        Yo insistí en que me enseñara la casa. Y Fred se quedó conmigo porque…Bueno, aún no lo tengo claro…
-        ¡No! No te pongas chula con él. ¡No va a servir de nadaaa!
Anna se detuvo al oír aquella voz. Se dio cuenta de que al lado de Allan había una chica vestida con un traje del siglo XVII, con unos rizos rubios y negando con fuerza con la cabeza.
-        ¿Qué has dicho?-se le escapó a Anna.
La chica puso los ojos en blanco mientras Allan se volvía hacia ella.
-        Yo no he dicho nada-repuso Allan serio.
Anna negó rápidamente.
-        Tú no, ¡ella!-dijo mientras señalaba a su lado.
Todos miraron hacia la chica, pero tenían la misma expresión que si mirasen unas cortinas. La chica cruzó los brazos casi ofendida.
-        Está ahí-dijo Anna. Todos la miraron con una expresión extraña en los ojos y Anna supo enseguida lo que pasaba. Pensaban que estaba loca.
-        ¿Quién está ahí?-preguntó Bernard intrigado.
-        Yo no veo nada-intervino Fred tímidamente.
-        ¡Pues está allí! ¿No la veis?- Anna la señaló con más ímpetu. La chica negó con impaciencia.
-        ¡Calla y deja de fastidiarlo todo!-le instó la chica. Anna la escuchó estupefacta- Sólo tú puedes verme y oírme asi que deja de hacer eso porque van a pensar que te has escapado del manicomio. Allan te echará de una patada y eso no puede ocurrir. ¿Entiendes? ¡No dejes que te eche!
Anna sintió que la cabeza le daba vueltas. No entendía lo que estaba sucediendo, pero la chica tenía razón. Bernard y Fred la estaban mirando preocupados y Allan…tenía una expresión indescifrable. Mejor sería que se comportara.
-        Era…-comenzó mientras pensaba a toda velocidad- Una ardilla, pero ya se ha ido.
Anna cruzó los dedos detrás de su espalda, esperando que funcionara. La chica también parecía expectante ante la reacción de los demás.
Finalmente, Bernard soltó una risotada.
-        Por Dios, una ardilla. ¡Me estabas asustando chiquilla! –exclamó.
Allan en cambio dio un paso hacia ella y la fulminó con la mirada. Anna levantó la barbilla orgullosa sin dejar amilanarse.
-        Sigamos con lo que nos traía entre manos- comenzó Allan con frialdad antes de darle la espalda de nuevo a Anna.
La chica lanzó un suspiro de alivio y Anna se calmó un poco. Sólo un poquito claro, porque seguía viendo a una chica que nadie veía más que ella. Aquello la preocupaba. ¿Podría ser culpe del cansancio?
-        No olvidaré lo sucedido esta noche Bernard. No esperaba nada asi de tu parte. – continuó Allan en una peronata que enseguida aburrió a Anna.
La chica volvió a llamar su atención.
-        Va a echaros sin más, pero tienes que conseguir quedarte como sea, ¿de acuerdo?- dijo la chica.
Anna no la hizo caso y miró rápidamente al resto. Sin embargo, no daban muestras de oír nada más que la voz fuerte de Allan. Anna decidió  entonces que si la ignoraba quizás desaparecía. Como un mal sueño.
No logró conseguirlo. La chica se puso a dos centímetros de ella al ver que no la estaba haciendo caso. Y así era difícil ignorarla.
-        ¿De acuerdo? – insistió.- Es muy importante que te quedes, asi que haz lo que sea para conseguirlo.
-        ¿El qué?-repuso Anna en voz baja mirando de soslayo a Allan- Nadie te ve, eres un producto de mi imaginación.
La chica dio un bufido.
-        ¡No soy un producto de tu imaginación! No puedo explicártelo ahora, ¿vale? Lo mejor será que te humilles ante Allan. Es muy orgulloso, asi que no te dejará quedarte al menos que lo hagas. Díselo.
-        No pienso decir nada.-susurró Anna inquieta.
-        ¡Díselo! Tú también quieres quedarte.
-        No.
-        ¡DÍSELOOOOO!- la chica le chilló en el oído como una histérica. No pudo soportarlo más.
-        ¡Quiero quedarme!- gritó de repente Anna.
Sea lo que fuera lo que estuviera diciendo Allan, se detuvo. Todos se volvieron hacia ella estupefactos. Anna tragó saliva. ¿Qué estaba haciendo?
-        ¿Qué?-repuso Allan estupefacto.
Anna cogió aire y trató de adoptar el aire más desvalido posible.
-        Me gustaría quedarme a vivir en esta casa. Como Bernard. Para mí este es un lugar que puede convertirse en mi hogar. Por favor, déjame quedarme. No me obligues a irme.
-        Aún no he dicho nada de eso-respondió Allan sorprendido.
Anna ocultó su sorpresa. Encima se había adelantado. Genial.
-        Pero…estaba segura de que lo harías.- se inventó.
Allan frunció el ceño.
-        No sabes lo que dices-masculló Allan.- Y sí, estaba pensando en eso. No puedo permitir que os quedéis aquí. Os marchareis de inmediato.
Dicho esto, se dio la vuelta como si ya hubiera acabado. Anna apretó los puños con rabia. Odiaba que se diera tantos aires.
-        ¿Y por qué no puedo quedarme? A Bernard le dejaste, ¿por qué a mi no? ¡Es una injusticia!
Por la mirada reprobatoria de la chica Anna supo que no le había gustado nada lo que había dicho. Pero era lo que sentía.
Allan se volvió con una expresión furiosa en el rostro, pero no dijo nada. La chica se acercó asqueada a ella.
-        Bien, ya lo has enfadado.-le dijo con impaciencia- Ahora haz lo que yo diga si quieres quedarte. ¿De acuerdo?
Anna se quedó de piedra al ver el modo en que ambos le daban órdenes que ella no quería acatar. Allan, la chica extraña…ambos iguales. Pero la chica tenía razón: quería quedarse.
Asintió a regañadientes y la chica sonrió.
-        Muy bien. Ahora, ¡arrodíllate!
-        ¿Qué?
-        ¡Hazlo ya! Y suplícale. Así.- la chica se arrodilló, junto las manos y adoptó una expresión de total arrepentimiento.
Anna parpadeó estupefacta y comenzó a arrodillarse.
-        Lo siento-comenzó sin saber muy bien qué decir. Allan no se volvió asi que siguió- Todo esto es culpa mía y lo lamento muchísimo. Un montón. Pero por favor, dejame quedarme. No molestaré, lo prometo.
-        ¡Por favor!-insistió la chica con fervor.
-        ¡Por favor!-la imitó Anna.
Allan se volvió y le dirigió una mirada desconcertada cuando la vio arrodillada en el suelo. Sin embargo, pronto recuperó esa expresión adusta y Anna supo que había hecho el ridículo. Su súplica no había provocado emoción alguna en Allan. Finalmente este la dirigió una mirada impasible y Anna contuvo el aliento esperando el veredicto.
-        No.-dijo únicamente- Tú y tu amigo os marcharéis mañana por la mañana con la marea y tomaréis el mismo camino por el que vinisteis.
Anna palideció y buscó a la chica. Pero esta había desaparecido. Parpadeó confusa. ¿Lo había imaginado todo? ¿Estaba loca?
-        Vamos jefe, no sea así…-protestó Bernard pero se calló al ver la mirada feroz de Allan.
-        He dicho que mañana se van.-le cortó Allan con autoridad- ¿Ha quedado claro?
-        Por supuesto, jefe.-respondió Bernard tras reponerse de la sorpresa.
-        Bien. – Allan les dio la espalda serio-Llévales a unas habitaciones. Las que sean. Que duerman y que se marchen temprano. Yo os esperaré en la puerta de la casa. Y ahora, iros.
Bernard asintió e hizo una señal a Fred para que saliera. Anna en cambio no se movió. Permaneció quieta, mirándo al vacio. Bernard tuvo que darla un toque en el hombro para hacerla reaccionar. Anna se sobresaltó pero finalmente le siguió y salió del cuarto.
Mientras caminaba en silencio, su preocupación por la existencia  de la chica que sólo ella podía ver fue menguando a medida que se daba cuenta d elo que había sucedido. Allan la había echado de la mansión y en pocas horas, estaría de nuevo encerrada en casa de Fred.
Dejó esos pensamientos de lado y se enfrentó contra su mayor temor.

Al imaginarse de nuevo a sí misma en la casa de Fred, muerta de aburrimiento, esperando con miedo y ansiedad las noticias de la guerra…Sintió un ligero estremecimiento. No podía imaginarse nada peor.




Próximo capítulo
Capítulo 10: La marea

No te pierdas el capítulo anterior  Capítulo 8 aquí

 Espero que os haya gustado
¡Nos vemos en el próximo capítulo!

Un besazo





0 comentarios:

Publicar un comentario

 

Atípica Copyright © 2011 -- Template created by O Pregador -- Powered by Blogger