miércoles, 24 de febrero de 2016

La caja de música de Lorraine Capítulo 10 La marea


Capítulo 10
La marea

Bernard los llevó primero a su habitación, aunque Anna no se percató hasta que una figura conocida se abalanzó sobre ellos.

-          Bernard Hockins, ¡ya me estás explicando qué narices ha sucedido!-Corine se lanzó sobre Bernard lanzando chispas por  los ojos.
Anna vio cómo Bernard parecía apabullado.
-          Yo…querida la verdad es que…
-          ¡Dos vivos! ¡Y en esta casa! ¿En qué estabas pensando?
-          Corine, ha sido culpa mía, yo le insistí-intervino Anna.
Corine se giró hacia ella y la sonrió con ternura.
-     Cielo, no te preocupes. Esto no va contigo.-luego se volvió hacia Bernard- Sólo con este zoquete. ¡Por lo menos podrías habérmelo dicho! ¿Sabes lo que ha pasado cuando se  ha enterado todo el mundo? Han corrido todos a preguntarme sobre los chicos...¡ y yo no sabía ni qué decirles!
-          ¿Se ha enterado todo el mundo?-preguntó Fred horrorizado.
-          Oh, sí. Aquí las noticias corren como la pólvora.-le respondió Corine encantada.
-          Corine, cariño, no te lo dije porque no hubo ocasión.-se disculpó Bernard todo apenado.
Corine pareció ablandarse, porque al momento le dio un beso en la mejilla.
-     Bueno, es agua pasada.  Además, el jefe ya os habrá regañado bastante. –Corine se volvió hacia Anna y sus ojos brillaron al reconocer el vestido- Ahora entiendo algunas cosas.
-          Corine, ella es Anna y él Fred-les presentó Bernard.
-          Anna y yo ya nos habíamos conocido antes, ¿verdad?-le guiñó un ojo y Anna sonrió.
-          ¿Antes?¿Cómo?-repuso Bernard extrañado.
Corine rió divertida pero no le respondió. Bernard finalmente se encogió de hombros y fue a por una copa. Estaba llenándola cuando Corine habló.
-       Por cierto, ¿cómo lo ha descubierto el jefe?-preguntó.- Nunca va a ninguna fiesta  o cosas  asi. No sé como os ha encontrado.
-          Eso pienso yo…-contestó Bernard intrigado. 
Anna se dio cuenta de que todos la miraban.
-          Yo…-comenzó con la garganta seca- Puede que tenga algo de culpa.
-          ¿Qué hiciste?-preguntó Corine con curiosidad.
-       ¡No hice nada!  Fui a por una bebida y me alejé un poco. Lo encontré en el pasillo. Hablamos, me quité el guante…
-          ¿Te quitaste el guante? ¡Te dije que no lo hicieras!-saltó Bernard.
-          ¡Es que hacía calor!-se defendió Anna.
-          Y te tocó la mano, ¿no?-intervino Corine bastante divertida.
Anna asintió. Recordó como había querido impresionarle antes de que él se diera cuenta de lo que era. Suspiró. Parecía tan diferente…y sin embargo, era un creído y un egoista.
-          ¿Y ahora qué? ¿Qué  os ha dicho?-preguntó Corine.
El rostro de Anna se ensombreció. Había recordado de repente a aquella chica tan extraña…y que debía volver al infierno.
-          Tendrán que marcharse.-le informó Bernard lúgubremente mientras observaba a Anna con atención.
-          ¡No!-exclamó Corine consternada
El único que parecía feliz con toda aquella situación era Fred, aunque no abrió la boca. Corine miró con preocupación a Anna.
-          En ese caso es mejor que os preparéis.-dijo finalmente Corine- Anna, he dejado tu vestido en mi cuarto de baño. Fred, tu ropa está en el Bernard.
Anna asintió desanimada y fue hacia el baño de Corine. Era un baño precioso, parecía sacado de una casita de muñecas. Pero Anna suspiró con resignación cuando vio su vestido colgado  sobre una silla. Se cambió en silencio y sintió lástima cuando dejó el vestido largo en su lugar. Lo comtempló apenada. Se lo había pasado tan bien…
Iba a salir cuando al abrir la puerta oyó la conversación entre Corine y Bernard y se detuvo.
-      Normalente no toma decisiones tan trascendentales. Por lo menos podría dejar que se quedasen unos días.-oyó que insistía Corine claramente en desacuerdo.
-    Creo que teme que les den por desaparecidos y empiecen a buscar en la casa.-respondió Bernard pensativo.
-        ¡No buscarían aquí ni locos!-bufó Corine- Les da demasiado miedo acercarse aquí. No, el jefe lo ha hecho por otra razón.
-          A mí también intentó convencerme.- dijo Bernard en su defensa.
-          Tú lo has dicho, “convencerte”. A ellos los obliga a marcharse, sí o sí. Tiene alguna razón y me temo que tiene que ver con…
Corine se detuvo.
-           ¿Con qué?-preguntó Bernard intrigado. Anna aguardó impaciente la respuesta.
-          Con nada. Olvídalo. Era una tontería.- terció rápidamente Corine- ¿Sabes una cosa? Estoy muy contenta de que el jefe no te convenciera…
Bernard le respondió algo más, pero Anna ya no le prestaba atención. No paraba de dar vueltas a lo que había dicho Corine. Ella sabía la razón por la que Allan les obligaba a irse, pero no había querido decirla.
¿Por qué?


A la mañana siguiente, se presentaron donde Allan les había ordenado. Bernard y Corine les habían acompañado para despedirles, un gesto que Anna agradeció en su interior. Además, en toda la noche no había vuelto a ver a la misteriosa chica que sólo ella veía y oía, lo cual la hizo sentir más tranquila. Debia haber sido fruto el nerviosismo del momento, nada más. Cuando llegaron a la entrada, Allan ya estaba esperándoles.
De nuevo al verle, Anna tuvo la impresión de que no se había preocupado siquiera en peinarse y llevaba la misma ropa del día anterior. Daba la sensación de que no le preocupaba en absoluto su aspecto.
Sólo les miró cuando estuvieron a unos pasos de él.
-          Salgamos, no quiero retrasar más esto-dijo Allan serio mientras procedía a abrir la puerta.
Anna miró a Corine apenada, y ella la sonrió para infundirla ánimos. Todos siguieron a Allan cuando abrió la puerta y salió al exterior. La brisa marina enseguida azotó su cara y la distrajo un poco. Entonces, se dio cuenta de que Allan se había detenido.
Anna se adelantó un paso para ver qué era lo que le había llamado la atención. No tardó en darse cuenta de lo que sucedía.
No había bajado la marea.
Una silenciosa alegría se despertó en su estómago y tuvo que hacer un gran esfuerzo para contenerla. Allan bien podría obligarles a ir a nado hasta el pueblo.
Finalmente, Allan habló.
-          Bernard, llévales a sus alojamientos. Luego hablaremos.-dijo en un  tono de voz extraño ante de abrirse paso y entrar en la  casa  con paso apresurado.
Sólo Anna se percató de que algo lo había alterado y se sintió intrigada, pero enseguida Corine atrajo su atención y se olvidó del asunto.
-          ¡Fantástico! ¿Sabeis lo que eso significa? ¡Os quedaréis otro día!-exclamó Corine alegre.
Anna se sintió animada al oírlo. No había caído en ello antes, pero ¡era verdad! Anna se volvió hacia el mar y le agradeció que no bajara aquel día la marea.
Él único que parecía disgustado con aquella noticia era Fred, pero Anna estaba más que nunca dispuesta a ignorarlo.



  




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